lunes, 22 de abril de 2019

AL PASO




El diesel a 1,30 euros. Da la risa floja. Recuerdo cuando se formaban larguísimas colas cada vez que se anunciaba la subida de la gasolina en una peseta. Un vecino me asegura que esta puñalada, justo para arrancar la Semana Santa, es cosa de los moros, que son unos cabrones y están decididos a jorobar cualquier tradición cristiana. Y de la chamusquina de Notre Dame, no lo dice, pero lo piensa. Yo quiero hacerle ver que no nos faltan los cabrones autóctonos, que suelen ser los que están detrás de las agudas subidas y las insignificantes bajadas de los precios. Pero me rindo, porque está obcecado y bajo el efecto idiotizante de las tertulias y los debates políticos. 
Hace unos años, repostando en una gasolinera italiana a casi un euro el litro, dijimos: “Si esto pasara en España, se armaría la de San Quintín”. Pues a 1,30 y ni una voz más alta que otra. Es el efecto más destacado de las liberalizaciones: todo continuó igual pero más caro. La luz, el gas, los combustibles… Hoy tenemos la fortuna de poder elegir qué compañía nos va a dar un sablazo de impresión. Que viva la libre competencia (obsérvese la ironía). 
Con Saldaña en el horizonte, el paso por la gasolinera y la paradita en el peaje de La Magdalena suman lo mismo que un vuelo barato desde el aeropuerto de Santander. A donde sea, pero lejos de la campaña electoral. Que entre lo uno y lo otro, esto sí que es pasión y dolor. 
De lo importante para la gran mayoría de la población aún no hemos escuchado nada. La política española se ha desenganchado definitivamente de la realidad y las consecuencias están cada vez más a la vista. A pesar de que existe un amplio acuerdo a la hora de considerar que nuestro sistema educativo es manifiestamente mejorable, el tema permanece arrumbado sine die. Combatir la extensión de la burricie aún no se califica como materia prioritaria. Eso sí, radares de velocidad, por tierra, mar y aire. Los burros, a su paso.

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 22/4/2019

miércoles, 17 de abril de 2019

CUESTIÓN DE TIEMPO




Mañana tengo consulta con mi médico, que es un encanto. ¿A qué hora? A las doce. Pondré el despertador para las ocho, pero, por si acaso, llámame, no sea que me duerma. ¿A las ocho para ir a las doce? Hijo, que soy mayor y necesito mi tiempo. Recuerda que fuimos al cardiólogo y llegamos al hospital antes que el relevo. Más vale así. No me entiendes. Eso será, pero la última vez que viajaste en tren llegaste agotada porque ya estabas en pie para apearte doscientos kilómetros  antes de la parada. Como debe ser, que luego vienen las prisas y los nervios. Los jóvenes vais por la vida a lo loco, que llego de sobra, y luego pasa lo que pasa. Mamá, no me llames joven, que los cincuenta ya pasaron de largo. Pues eso, un mocín. Ya verás cuando llegues a mi edad. Yo no llegaré. Soy un paisano y los paisanos nos morimos sin demora. Pues acuérdate de tu abuelo, que casi cumplió los cien. Y como una rosa. La excepción, mamá. Bueno, la vieja soy yo y tú siempre serás un niño. Para eso soy tu madre. Me parece que tenemos distintas percepciones del tiempo. Bueno, pues haz caso a tu madre, que es la que ha vivido más y sabe de esto. Como con la pasta. Ya empezamos. Mamá, si en el paquete pone ocho minutos, al cocerla media hora queda hecha una pena. Tan ricamente. Lo que no es normal es comerla cruda por más que lo digan esos cocineritos que os tienen sorbido el seso. Se llama “al dente”. A romperse el “dente”, querrás decir ¿Y el arroz? Ah, que tampoco te gusta cómo hago el arroz. Lo que no me gusta es cuánto haces el arroz. Es arroz, no balines. Ni tanto ni tan calvo. Pues mejor tanto que calvo. Eso de dejarlo suelto será bueno para las gallinas. ¿Qué hora es? Pronto. Bueno, tú dime la hora y ya veremos si es pronto o no. 

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 11/4/2019

SOBRES VACÍOS




Mi primo dice que detesta a la mitad de la humanidad; y que a la otra mitad aún no la conoce. Un pelín exagerado, pero esto de que no te guste nadie también me ocurre a mí en lo político. Aparecen nuevas opciones, se amplía el abanico de candidaturas pero, por más que observo, no hallo nada que me convenza. Y como me niego a eso del “voto útil” que obliga a presentarse en el colegio electoral con las papeletas en una mano y utilizando la otra para taparse la nariz, continúo sintiéndome huérfano de representación.
Que no es uno sea tan escogido y tiquismiquis; es que el nivel es paupérrimo. De hecho, veo en las listas un buen número de candidatos a parlamentarios que no saben hablar en público, que balbucean, que llenan su oratoria de eeee, aaaa, estooo, yyyy, mmmm… No es que se requiera ser como Churchill, pero qué menos que ser capaces de expresarse de un modo mínimamente coherente. Y eso, por desgracia, es la excepción. Y unos parlamentos llenos de individuos que no saben parlar, mal café. 
Ya que convertimos la actividad política en una profesión, qué menos que exigir a los ejercientes la preparación para hacer su trabajo, comenzando por saber hablar. Pues los hay, y muchos, que más les vale no tener que subir a la tribuna de oradores. No es demasiado pedir, ¿verdad?
Y es que se ha conseguido espantar a la gente mejor formada y más capacitada. Y los pocos que se dejaron convencer para dar empaque a una lista, tardaron bien poco en darse cuenta del barrizal en que se metieron. Y se quitaron de en medio rápidamente. 
Es una pena y, supongo, una de las causas principales del desapego de buena parte de la sociedad hacia sus políticos. No encuentro a nadie interesante, prometedor, ilusionante, con un cierto poso de sensatez y apertura de miras, consciente del peso y el honor que supone ser aspirante a conductor de la nave. 
Me veo, una vez más, con los sobres vacíos.


LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 10/4/2019

martes, 9 de abril de 2019

PUEBLOS




Pues, mira tú por dónde, el actual multipartidismo puede venirle bien al mundo rural. Porque en este escenario de desconcentración del voto, se estrechan los márgenes y los partidos pelean por cada acta de diputado y senador. En consecuencia, el valor del voto rural se incrementa.
Los que vivimos en pueblos, los que conservamos alguna propiedad en una aldea, los que tienen familia radicada en el campo saben de lo que hablo: del olvido permanente. La política nacional, dominada por urbanitas para los que no hay más universo que las avenidas congestionadas y los bloques de pisos, para los que el campo es sólo eso que sirve de base para las vías y carreteras que enlazan unas urbes con otras, sólo tiene presente al ciudadano, entendido como habitante de la ciudad, 
Pero, claro, ahora un diputado por Palencia o un senador por Soria pueden suponer la diferencia entre gobernar y quedarse a las puertas de hacerlo.
Esta España rural concebida simplemente como el supermercado del que se surte la urbana, además de un error, es una enorme injusticia mantenida desde hace demasiado tiempo. Y que el español que reside en un pueblo tenga menos derechos que el de ciudad es, directamente, inconstitucional. Porque “los de pueblo”; contribuyen como los demás, portan un DNI como los demás y tienen las mismas necesidades que los demás. Pero si se ponen enfermos, padecen mayores limitaciones para recibir asistencia sanitaria, el acceso a la educación de los hijos también se complica y las comunicaciones, viejas y mal mantenidas. El que no tiene coche queda condenado a la inmovilidad y la dependencia. Y algo tan sencillo para nosotros como conectarse a internet, hablar por el móvil e, incluso, ver la televisión, no están en absoluto garantizados. 
Es evidente que la dispersión de la población rural imposibilita el mismo nivel de servicios de las ciudades. Pero de ahí al abandono media un abismo. Para que la gente se quede en el pueblo, menos parloteo y pónganse los medios.
No olvidemos que sin el campo la ciudad no come.

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 7/4/2019

lunes, 8 de abril de 2019

EN ZAPATILLAS




Hijo, necesito unas zapatillas de estar en casa. Vale, mamá, pero ¿no te sirven éstas? Ah, no. Esas son las del hospital. ¿De qué hospital? Las de cuando vaya al hospital. ¿Y cuándo vas? Cuando sea, pero no puedo ir hecha una zarrapastrosa. De acuerdo, ¿y esas otras no te sirven? ¿Ésas? Esas no puedo ponerlas. ¿Y eso? Son demasiado buenas. ¿Cómo? Si las pongo se gastan, y sería una pena porque son preciosas y comodísimas. Mamá, lamento comunicarte que no te entiendo. Hijo, lamento decirte que eres un poco corto. Estas zapatillas, las buenas, no se ponen y punto. Por eso necesito unas normalinas, que si se estropean no paso pena. Mamá, no es razonable sufrir por unas zapatillas, por buenas que sean. ¿Te digo yo qué corbata te tienes que poner? Si. Pues eso, haz caso a tu madre y cómprale unas zapatillas baratas, azules y con florinas de colores. ¿Y si resulta que son demasiado bonitas y las metes en el armario con las otras y las del hospital? Zoquete, ya sabes qué clase de zapatillas son. 
De acuerdo, me rindo, esta tarde salgo a por ellas. Pero, entre tanto, ¿qué tal si tiramos las viejas, que ya están todas cedidas? Aquí no se tira nada de nada. ¿Perdón? Que no se tiran, que aún valen. ¡Pero si ya no les queda ni la goma! Da igual, yo no las tiro, por si acaso. ¿Por si acaso qué? Pues mira, listo, son muy útiles para salir a la terraza a coger un poco de romero cuando el suelo está mojado. Así no se manchan las nuevas. Ni las del hospital, claro. Las del hospital, ni tocarlas, ¿me oyes? Total, que tenemos tres pares que no te valen pero que sí te valen. Hijo, si me queréis, irse. Pero si todavía no comimos. Es verdad, pues irse después de comer y volverse con las zapatillas nuevas y baratinas para tu santa madre. Que para eso soy tu madre. Y que lo digas. El 39, ¿verdad?

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 30/3/2019

viernes, 5 de abril de 2019

IGLESIA



IGLESIA ( 1 )

La revelación de los múltiples casos de abusos sexuales cometidos por representantes de la Iglesia Católica, prácticas abominables cuya fecha de inicio se pierde en la noche de los tiempos, suponen una puñalada en el corazón de la institución no gubernamental más importante del mundo. Son conductas radicalmente incompatibles con la creencia que difunde y siempre lo han sido. Que un cura abuse de un menor, que una monja maltrate a las alumnas, que un jerarca eclesiástico viva rodeado de lujo, que la organización obtenga o haya obtenido provecho de negocios sucios y acumulado poder terrenal consintiendo y blanqueando gobiernos criminales es repugnante, indefendible e intolerable. Porque el mensaje cristiano contenido en el Nuevo Testamento es exactamente el contrario. Hay condiciones humanas a las que es exigible un mayor grado de perfección y ejemplaridad, aunque siempre expuesto a la inexorable falibilidad humana. Un médico que no se preocupa de los enfermos, un juez injusto, un maestro que desprecia a los niños, un policía que comete delitos o un cura que incumple el mandato de Jesucristo nos causan un daño agravado. 
La Iglesia lleva siglos de retraso en la tarea que limpiar y depurar a su tropa, sacando de la olla los garbanzos negros. Que los hay, como en toda organización humana, una parte mínima dentro de un grupo enorme, pero que ensucia gravemente la inmensa labor que cada día lleva a cabo un ejército de buena gente vocacional, que nos enseñan, nos sanan, nos escuchan, nos rezan y nos acogen.
Me enferma que dentro de una institución que predica el amor puro se haya ejercido la violencia sádica y causado miedo y dolor. Se me revuelven las tripas imaginando la presencia de un crucifijo en una escena de violación. El mismo crucifijo que portan los que no dudan en entregar su vida a cambio de la del prójimo, los primeros que llegan y los últimos en abandonar los lugares de destrozamos los hombres, los siempre dispuestos a ayudar, escuchar y consolar.


IGLESIA y 2


Cada uno de estos casos espantosos que van haciéndose públicos me hiere profundamente. Mi cerebro reclama justicia, consciente de lo irreparable del daño causado. Y en el estómago siento la acidez provocada por el indiscriminado ataque contra todo lo que sea o suene a Iglesia Católica, una institución que los ideólogos y causantes de la muerte de cientos de millones de seres humanos inocentes siempre han querido destruir. 
No olviden que no existe ONG cuya ejecutoria se aproxime, ni de cerca, a la gigantesca labor social de la Iglesia Católica, desde la parroquia del barrio más humilde hasta la aldea más recóndita de la Tierra. Ninguno de sus enemigos tiene el menor propósito de hacer algo parecido. Ni mucho menos.
Aquellos que ingresaron en la Iglesia Católica para, con el salvoconducto de la condición de religiosos, liberar sus más bajos instintos, desde provocar miedo a unos niños que deberían haber crecido y aprendido rodeados de cariño a los aberrantes abusos sexuales, del despótico ejercicio del poder social facultado por un alzacuellos a la mezquindad y la ruindad, no merecen, en términos de justicia humana, perdón alguno. Pero la criminalización general promovida por los que ni por asomo serían capaces de afrontar la formidable tarea de amparo que lleva a cabo la Iglesia es una injusticia mayúscula. La misma que condujo a la quema de templos y a la tortura y asesinato de curas y monjas hace menos de un siglo (anteayer, como quien dice). 
Resulta sorprendente la tolerancia general con las estupideces cotidianas en comparación con la intransigencia si el desbarro proviene de un miembro de la Iglesia. Y es que el catolicismo también congrega a tontos, necios, malvados, resentidos y delincuentes. Pero la gran mayoría de fieles no deja de ser gente normal unida por un credo común y el deseo de un mundo mejor como antesala de ese más allá anunciado.
Casi veinte siglos después, finalmente la Iglesia Católica, retomando el espíritu original del que jamás debió apartarse, comprendió la importancia de la libertad de credo y culto. Esa libertad que nunca aceptarán sus enemigos.

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 27 Y 28/3/2019