lunes, 18 de febrero de 2019

SOLEDAD



Creo que ya les dije que soy partidario de mantener la unidad de España, principalmente, por una cuestión de orden práctico. Cierto es que en solitario se puede estar muy a gusto, pero qué duda cabe, en conjunto se es más fuerte. Reconozco que uno de mis pecados es el exceso de individualismo, pues siempre preferí caminar a mi aire a marchar al paso marcado. Es una opción personal con unas consecuencias negativas que hay que estar dispuesto a asumir, entre las que destaca la irrelevancia. No unirse a unos ni a otros, no ondear banderas, no acatar las disciplinas de terceros, no actuar como altavoz de pensamientos importados, te conduce a la soledad, a ser un grano de arena en el océano, a la impotencia ante el vigor de los movimientos grupales. La soledad, por cierto, que cuando por es voluntad propia puede ser una delicia. Y cuando viene impuesta por las circunstancias no deja de ser una oportunidad para el descubrimiento personal. Porque, no lo duden, somos unos desconocidos para nosotros mismos. Pero es que, además, cada vez que observo desde mi rincón esas coloristas manifestaciones multitudinarias, por esto, por aquello, a favor de uno y en contra de otro, me pregunto cuántos de los participantes, además de gritar consignas y agitar banderolas, hacen lo que dicen. El amor a España se demuestra cumpliendo las obligaciones, ayudando a los compatriotas, manteniendo la producción aquí en vez de llevarla a China, pagando lo que es justo por el trabajo, cuidando el país y a los que viven en él. La pulserita, la bandera y el “Que viva España” es la parte cosmética y sencilla. Y lo mismo es aplicable a los partidarios de la secesión, que son libres de lucir lazos y extender pancartas gracias a una legalidad “invasora” que les ampara y a la que deberían ajustarse para impulsar su propósito, que considero erróneo aunque respetable. Y a todos, azules y rojos, unionistas y separatistas, les preguntaría: de ostentar el poder absoluto, ¿cuántos de ustedes consentirían colores y lemas discrepantes?

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 15/2/2019

MENTIRAS




¿Lo vieron? Es un video en el que Obama pone a caer de un burro a su sucesor en la presidencia de Estados Unidos. Bueno, pues resulta que es falso. Y es que los malvados ya han alcanzado tal grado de desarrollo que son capaces de modificar las imágenes de modo que te ponen delante de los ojos el original y la falsificación y prácticamente no se les diferencia. Por ello, ya están advirtiendo de que tengamos mucho cuidado con lo que vemos en las pantallas porque puede ser un engaño. Y te crees que Obama ha llamado públicamente idiota a Trump. Que seguro que lo piensa. Y es que los estudios más serios evidencian que más de la mitad de la información que circula en internet es mentira. De ahí que alimentarse exclusivamente de la red sea peligroso. Y los que se creen a pies juntillas todo lo que les llega al móvil y al ordenador están siendo víctimas de la desinformación, una forma de manipulación conocida desde hace mucho tiempo pero que hoy se ha perfeccionado de tal manera que cuesta mucho trabajo discernir lo cierto y lo falso. Porque el universo digital está atestado de mentiras. Mentiras para conquistar el poder, mentiras para destruir, mentiras para matar, mentiras para robar, mentiras para confundirnos y empujarnos hacia donde, de conocer la verdad, nunca habríamos ido. En “Canción triste de Hill Street” el sargento Esterhaus siempre despedía a sus policías diciendo: “Tengan cuidado ahí fuera”. Los ciudadanos de las sociedades libres tenemos la obligación de cuidar y defender nuestro pensamiento, la forma de interpretar la realidad. Y para ello debemos protegernos de la intoxicación, algo que nos corresponde a cada uno de nosotros. No podemos quedarnos en la superficie, con lo primero que nos llega, con el efecto hipnótico de una imagen impactante o el subrayado de una frase hábilmente extraída del resto del discurso. Frente a los que practican la perversión de la información como herramienta de poder, el ciudadano no debe jamás olvidar que, precisamente, la información, la buena información, nos hace libres.

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 9/2/2019

FRACASOS



Y siguiendo con la penitencia de López Otín, hace unos días escuché las declaraciones de una de las investigadoras principales del Instituto Tecnológico de Massachusetts, epicentro de la ciencia mundial, instando a sus alumnos a celebrar los fracasos. Porque para fracasar primero se ha que buscar el éxito. Y para descubrir algo hay que caminar a ciegas por lugares desconocidos. Y, tras muchas caídas y desviaciones del rumbo, en ocasiones se alcanza el resultado. Es una filosofía muy anglosajona, que prima la iniciativa y el esfuerzo más allá del logro. De hecho, en la selección de personal se tiene especialmente en cuenta la experiencia en la puesta en marcha de proyectos y no tanto el éxito. Porque fracasar forma parte de ese éxito y el valor de quien, tras intentarlo y caer, es capaz de volver a ponerse en pie, es oro puro. Y es que el que hincó la rodilla en el suelo, respiró profundamente, curó sus heridas y retomó la marcha está en mejores condiciones para afrontar los reveses y contratiempos. Seguro que López Otín ha cometido equivocaciones, como cualquier científico ambicioso. De hecho, Severo Ochoa recibió el Premio Nobel a pesar de que se demostró que buena parte de sus resultados eran erróneos. Pero nadie pudo cuestionar el mérito de haber abierto una senda a través de una selva que nadie transitó hasta entonces, un desbrozado que facilitó la investigación de los que vinieron después. Y, como sucede actualmente, también los hubo que quisieron horadar la labor y la reputación de Ochoa. Y es que, a pesar de que nos resulte tan difícil de comprender, equivocarse, fallar, aprender y volver a intentarlo es mucho más valioso que no arriesgar, quedarse quieto y esperar que sean otros los que tropiecen. Y esto es aplicable tanto al mundo de la ciencia como a los que imaginan nuevas vías de negocio, a los políticos que se atreven a intentar la materialización de los sueños de una sociedad mejor y a cualquiera que conciba una vida más justa.  

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 1/2/2019

MEDIOCRIDAD




Hay cosas que forman parte del ADN y que no se pueden cambiar así como así. López Otín, uno de nuestros científicos más importantes, está padeciendo lo que antes que él sufrieron todos los españoles que han destacado positivamente en cualquier actividad: la envidia. Es una característica descrita en nuestra literatura casi desde el nacimiento de esta sociedad. La destrucción profesional y personal de los mejores individuos es una de las causas principales del ancestral atraso español, ese quiero y no puedo que nos ha mantenido siempre en la cola del pelotón. Aspiramos a ser punteros pero consentimos que la mediocridad se haga fuerte en los lugares estratégicos. Y al mediocre no hay nada que le moleste más que alguien a su lado con preparación y disposición. Es algo que le resulta insoportable. Y cuando en otras sociedades ese desagrado se convierte en estímulo, en “a mí este tipo no me va a hacer sombra, así que seré mejor que él”, en España siempre se ha traducido de modo inverso: “al que asome la cabeza, pedrada”. Y así hemos ido destruyendo vidas y reputaciones. Y por ello se nos han marchado tantos cerebros. Porque no hay quien soporte pretender la excelencia mientras a tu alrededor trabajan denodadamente para echarte abajo. Denuncia Otín que sospecha que el origen de la campaña de desprestigio que está padeciendo se encuentra aquí, al lado, seguramente unos cuantos despachos más allá. No es la competencia internacional la que le está disparando. Es fuego “amigo”, de los que a la cara sonríen y por la espalda apuñalan. Es España en estado puro. Un tío mío contaba cómo se vio atrapado en un entorno laboral en el que nadie hacía nada salvo vigilarse unos a otros. “Nunca pasaba gran cosa, pero como un día no estuvieras en tu puesto, seguro que surgía algo”, recordaba. Otín no es como los demás, no forma parte de la masa mediocre que lleva siglos entorpeciendo el desarrollo de este país. Y ese es su pecado. De hecho, tenemos un purgatorio repleto de eminencias. 

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 31/1/2019

PIES EN EL BARRO



¿Qué tal si dejamos ya de tener la mente colectiva anclada en el pasado y vamos cimentando el futuro? Al igual que el carbón borró de la memoria el Mieres agrario, hoy necesitamos, si pretendemos sobrevivir, dar el salto y abandonar el refugio del siglo XX. Asumámoslo: nada volverá a ser igual y la historia minera que arrancó en el último cuarto del XIX, llegó hasta aquí. Es enfermizo ese constante estado de comparación, lo que fuimos y lo que somos, cómo era Mieres en 1970, cómo pudo ser Mieres a partir de 1990 y en qué hemos quedado en 2019. Lo hecho y lo no hecho, hecho y no hecho está, pero, sin renunciar a nuestra historia, que tampoco cuidamos con demasiado esmero, las cuencas han de volver la vista al frente. Y de nada sirve, ante los proyectos, acantonarse en el pasado, para añorarlo y criticarlo. Como ejercicio intelectual, pase, pero tenemos que buscarnos el alimento. Y de la historia muy pocos pueden comer. A día de hoy estamos en el lodazal, con unos pies atrapados en el barro que apuntan hacia el lugar del que venimos. Y no somos capaces de girarnos. Costará, claro que costará, pero es hora de sacar primero un pie y luego el otro, para comenzar a dar pasos hacia el destino. Estamos haciendo las cosas tan mal, y no es por falta de medios, porque el pensamiento aún no ha logrado escapar del siglo XX. Y, puestos a mirar hacia atrás, tampoco estaría de más recordar que existieron un Caudal y un Nalón preindustriales, sin minas, sin humos, con ríos limpios y vegas fértiles, con menos población y una economía de aprovechamiento de los recursos existentes. Porque antes del carbón, también se vivía. Y después, ha de poder vivirse. Me parece que ya lamentamos lo suficiente. Y hemos perdido demasiado tiempo mirando hacia atrás y confiando en que la amenaza no se concretaría. La historia y, en parte,  los tribunales juzgarán lo sucedido. Es tarde. En pie y a caminar.

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 30/1/2019

ESPACIO Y TIEMPO



Estoy acabado. Me pongo la equipación completa, incluidos el medidor de distancias, latidos y calorías y los auriculares con la música de “Fiebre del Sábado Noche”, que ayuda a caminar a paso alegre, e iniciando la rampa del abollado puente de Seana fui adelantado por una pareja de retacas de mi edad, culibajas y paticortas que, sin dejar de dar la lengua, me rebasaron como un Ferrari a un Dos Caballos. Y yo convencido de que iba a buen ritmo. “Será por la subida, que favorece a los de centro de gravedad bajo, como los percherones”, me dije, un tanto desconcertado. “En cuanto el trazado se allane, las superaré gracias a mi par de zancas largas y estilizadas como las de una gacela de Thomson”, me animé. Tras girar a la izquierda frente al apeadero, con una recta larga y lisa por delante, apreté el paso para dar alcance a la regordeta pareja. Pero se alejaban cada vez más, sin dejar de hablar un instante. Metí una marcha más determinado a poner las cosas en su sitio. Entonces, con el juego de los tobillos en incandescencia, fui adelantado por mi suegro que, a modo de consuelo, me dio una palmadita en la espalda, recomendándome que me protegiera del frío. Y siguió como una flecha. Es lo que viene a ser la teoría de la relatividad en el paseo del río. El tiempo y el espacio no son los mismos para mí que para esos caminantes acelerados, que no se adónde van con tantas prisas. Y cuando yo tengo la percepción de que voy a ritmo de Concorde, algo, o más bien alguien, me hace ver que ni mucho menos. Entonces, me sobrepasaron mis cuñados y mi sobrina, a tal velocidad que hasta sentí la sacudida del aire. Y siguieron adelante no sin antes preguntarme si necesitaba asistencia médica. Así me verían. Desistí. El contador de pasos se detuvo. Y me senté a bajar la temperatura de los neumáticos cuando ante mí pasaba una hermosa escuadrilla de patos con su plumaje multicolor, que alivió la bochornosa situación. 

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 29/1/2019

ESPIADOS




Oigan, ¿no se preguntan si habrán sido espiados por el comisario Villarejo? En la tertulia del contenedor hemos estado buscando micrófonos ocultos o cualquier indicio sospechoso y hasta ahora no encontramos nada, lo que no es garantía completa de privacidad frente al enorme auricular del ex policía, un tipo que lo ha escuchado todo y al que cualquiera que pintase algo en este país le contaba las intimidades. Y él con la grabadora siempre cargada. “Por eso mismo, porque no tenemos la menor importancia, no nos espían”, manifestó el secretario, muy metido en razón. Atinado argumento que, sin embargo, allá en lo hondo, duele. Porque, lo reconozcamos o no, queremos ser importantes y tenidos en cuenta. Y no ser víctimas de escuchas ilegales ni de grabaciones comprometidas nos propina una fastidiosa bofetada de realidad: somos unos mindundis. No valemos ni un triste micrófono de los chinos. Qué lástima. Pero recomendamos que todos aquellos que antes o después hayan destacado por cualquier motivo, bueno o deplorable, de inmediato realicen las comprobaciones oportunas. Porque Villarejo puede estar escuchándolo. Como hizo con políticos, empresarios, famosetes y banqueros. Que se sepa. Y lo que no se sabe, porque su grabadora debía de tener kilómetros de cinta. Qué país de pandereta. Porque hay que ver qué sujeto es el tal Villarejo y, aún así, los hubo que se relajaron en su presencia. Y otros, ay madre mía, le encargaron “trabajitos”. Lo del presidente del BBVA, para enmarcar, por cierto. Supongo que ahora las reuniones con los colegas tienen que ser un tanto tensas. Qué vergüenza. Así que, en nuestra opinión, si están ustedes preocupados por si detrás de la pantalla del ordenador, del móvil, de la tele, del salpicadero del coche o de los altavoces de casa están los chinos, rusos o yanquis con la oreja puesta, olvídense. Lo peligroso, y más probable, es que sea Villarejo el que esté tomando nota. Como dijo el sabio, “al suelo, que vienen los nuestros”. 

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 16/2/2019

martes, 12 de febrero de 2019

SUICIDIOS




Oigan, esto es muy serio. Encabezamos la estadística de suicidios a escala nacional. No es algo de debamos ignorar, como hacemos con otros problemas, mirando hacia otro lado. Que el “paraíso natural” sea líder de suicidios es preocupante. Qué pasa para que la infelicidad atormente a tantos asturianos. Algo está fallando, algo que no podemos obviar. Una población en decrecimiento e infeliz no puede ser sino la resultante de una evolución social errónea. Resulta paradójico que pueblos que viven en penosas condiciones disfruten de una salud mental mucho mejor que la nuestra. Quizá sea que han comprendido qué es y qué no es importante, que saben valorar lo que tienen, que exprimen lo bueno de la vida. El último teléfono móvil y las vacaciones en la playa no pueden convertirse en ejes de la existencia. Una vida sin dolor, sin problemas, sin preocupaciones, es imposible. Pero se supone que estamos preparados para sobrellevar y afrontar lo malo sin que por ello olvidemos lo bueno, que ahí está. La vida consiste en caminar a pesar de esa lluvia fastidiosa, de una rodilla que duele, de un cretino por marido, de un empleo mal remunerado, de un escalofriante recibo de la luz, de un hijo que no quiere estudiar, de un desengaño amoroso, de una tensión arterial descompensada, de un jefe prepotente. Siempre hay algo más. Algo bueno. Por cierto, que ese camino hemos de despejarlo nosotros mismos sin esperar a que vengan a ahorrarnos el esfuerzo. Piensen en la injusticia de que unos luchen por vivir y otros prefieran matarse. Los datos son una llamada de atención. Necesitamos someternos a terapia. A pesar de los problemas, continuamos en la parte privilegiada del mundo, en unas condiciones que ya quisieran miles de millones de humanos que despiertan cada día con la constante amenaza de la muerte. Que tantos asturianos pongan fin a su existencia es indicativo de que estamos fracasando como sociedad. El bienestar al que aspiramos como conjunto ha de comenzar por la paz en el interior de cada uno de nosotros.

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 28/1/2019

lunes, 11 de febrero de 2019

TODO VISTO




Pensar que ya lo has visto todo es un error fenomenal, como asegurar que aquí no cabe un tonto más. Vaya si cabe. Y a las pruebas me remito. Y lo que nos queda por ver. Lo digo porque ayer, medio adormilado frente al televisor, llegué a creer que había soñado un anuncio, por lo surrealista del mismo. Esto no puede ser verdad. Yo vi mal. Será una broma. Total, estabas con el párpado casi cerrado, diste una cabezada y soñaste algo raro. Entonces cambié de canal y pocos minutos después, ¡el anuncio! Y no era un sueño. Un aerosol de bolsillo para pulverizar dentro del inodoro y bloquear el mal olor. Alucinante. Pero lo mejor es el guión: el chico está en casa de la novia y, vaya, hombre, mira que te tengo dicho que hay que venir aliviado de casa, le sobreviene una urgencia evacuatoria. Allá va el tipo, libera un tordo pestilente y, cuando se dispone a salir del cuarto de baño, se da de bruces con su potencial suegro, que husmea a la captura de pruebas incriminatorias. La conclusión es evidente: si hubieses tenido a mano el mágico aerosol, cero preocupaciones y el aire limpio y puro. Cremas vaginales para el picor y la sequedad, antihemorroidales, para los percebes interdigitales de los pies, fijadores para la piñata postiza, empapadores para el “que me meo de la risa, y vas y te meas de verdad”… y cuando crees que ya no es posible superarse, toma castaña, el botecito para poner el huevo fuera de casa sin temor a la vergüenza ni a represalias por la agresión química. Que, si lo piensas bien, la idea es bastante buena, si realmente funciona. A mí lo que me sorprende es que algo así se anuncie en televisión, con el pastón que cuesta un minuto de emisión. Y ya vas haciendo apuestas, a ver qué será lo siguiente: el calzón con sordina, un detector de desprendimiento de mocos, un recogedor automático de cerumen... Porque, claro está, no lo he visto todo. Ni mucho menos.  

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 26/1/2019