martes, 14 de noviembre de 2017

MÍTINES EN LAS AULAS




Eso ya lo viví – y sufrí - en mis años estudiantiles. El adoctrinamiento ideológico en las escuelas y la utilización de la infancia es una estrategia que viene de lejos y el recurso habitual de docentes de ignorancia enciclopédica. Como no tengo ni repajolera idea de la asignatura que he de impartir, sermoneo al alumnado y que lean ellos el libro de texto, que para eso está. Vengo de antaño, del cambio de régimen, y me han tocado mítines de ambos bandos, incluso de los extremos de ambos bandos. Pero todos los supuestos contenían un denominador común: un maestro incompetente. Y si esto podía suceder, ocasionalmente, en EGB y BUP, ni les cuento en la Universidad, shangri-la de la matraca mitinera, cantón de zánganos y fracasados con ínfulas políticas. Incrustados en las cátedras, a las que accedían por apellido o carné, decenas de individuos con nulos conocimientos contaban los días para que corriera el escalafón, una jubilación, un fallecimiento y dar el saltito. Y, entre tanto, como obedientes y sectarios quintacolumnistas, procuraban no enseñar nada de provecho a sus alumnos, a los que castigaban con sus diarreas mentales. Y no tardabas en darte cuenta de que se aprendía más fuera que dentro de las aulas. Hoy hago memoria y solo me viene el recuerdo de cinco personas, cinco docentes vocacionales que se esmeraron en llenar de conocimientos nuestras huecas cabezas, que nos mostraron los trucos y las herramientas para obtener un mayor provecho de las capacidades intelectuales. Eran unos enamorados de su profesión y lo transmitían. Del resto no me acuerdo. Bueno, miento, porque de unos cuantos desearía no acordarme. Al amparo de la sacrosanta libertad de cátedra, en este sufrido país se cometieron y se cometen auténticas canalladas. Deformar la mente de un niño e inocularle ese sentimiento de diferencia, señalándole los enemigos, los caminos separados, los buenos y los malos, es una aberración mayúscula que aceptamos como si no tuviera consecuencias. Pues las tiene. Y las tendrá. “Pasa más hambre que un maestro de escuela”, se decía. Así se ha conceptuado en este país a la clase docente. Por eso, tampoco se les ha exigido gran cosa. Pecado capital español, origen de gran parte de nuestros males. 

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 25/10/2017


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