martes, 10 de enero de 2017

PAREJA DE HECHO




No hay papeles. Ni se celebró la boda. Pero parece claro que llevan tiempo juntos. No estarán casados, pero los hospitales del Caudal y el Nalón son pareja de hecho. De este inteligente modo se busca que ninguno de los centros disponga de todos los servicios que podría tener, que ninguna de las infraestructuras sea completamente aprovechada. ¿Por qué? Pues por una sencilla razón: porque para ello sería necesario dotar de suficiente personal a las dos áreas sanitarias de las cuencas mineras. Y eso nuestra administración, la que vela por los intereses de los asturianos, no está dispuesta a pagarlo. Por este motivo, en casi todos nuestros servicios sanitarios hay menos personal del necesario. Personal del que cura, me refiero. Del administrativo, no tengo ni idea. De ahí las demoras en la realización de pruebas, en ser recibidos por los especialistas, en la atención en las urgencias… O sea, que tenemos dos hospitales cojonudos que funcionan a medio gas por falta de médicos, ats, auxiliares y celadores. Por no hablar de los especialistas de las ambulancias y uvi móviles. Y, claro, como es lógico en estos casos, los propios profesionales sanitarios alertan de las deficiencias en la atención. Y los usuarios denuncian colapsos en las urgencias e interminables listas de espera para determinadas especialidades. Porque a la que alguien de la plantilla se pone malo, descansa o toma vacaciones, adiós París. Es como lo de esos trámites municipales que están al cargo de una única e insustituible persona que, como le de la gripe, olvídate, porque esos papeles ya no se mueven hasta que vuelva. Pues en nuestra sanidad es lo mismo, pero mucho más grave, porque está en juego la salud de la gente. Y en esas estamos, maniobrando para que ambos hospitales rindan por debajo de sus posibilidades. Y, encima, racaneando con algo tan serio como los cuidados paliativos. Ahí es donde queda retratada la falta de humanidad de la administración pública. Miren que hay de donde recortar, de donde ahorrar. Pues no. Se opta por dejar el servicio de paliativos reducido a la mínima expresión. Total, para qué más, si los beneficiarios se van a morir de todas formas. ¡Ay si lo necesitara el que toma estas decisiones! 

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 10/01/2017

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