miércoles, 25 de enero de 2017

LECCIONES DE ESPAÑOL



España es un país genial. ¡Qué reacción de indignación ante la desaparición del castellano de la página web de la Casa Blanca! Hoy escuché que incluso el PSOE va a preguntar al Gobierno qué opinión le merece este hecho tan deplorable. Debe de ser que en el Parlamento no hay nada mejor que hacer. Y notables de todos los signos políticos están manifestando su disgusto y repulsa ante este atropello –y esto no ha hecho más que empezar- de la administración Trump. Pero yo acabo de entrar en la página web del Govern de Catalunya y tampoco tengo la posibilidad de leerla en español. En inglés, sí, curiosamente. Será para que Trump pueda estar bien enterado. Y hay un montón de organismos oficiales en el territorio español para los que el castellano no existe. Ni en internet, ni en papel, ni de palabra. Nos revelamos contra las estupideces de la Casa Blanca cuando en España hacemos lo mismo. Bueno, lo mismo no: peor. Porque es como si los americanos desterraran el inglés de buena parte de su territorio. Vamos, es que la respuesta del nuevo presidente americano se la hemos puesto a huevo. ¿De qué se queja España si hace lo mismo con su idioma oficial? Y aquí no pasa nada. Además, ¿a qué viene tanto alboroto por los cambios en la política de comunicación de un país que no es el nuestro? ¿Quiénes nos creemos que somos para entrometernos de esa manera? Que sean los millones de hispanoparlantes que habitan los Estados Unidos los que fuercen a su gobierno a reconsiderar sus decisiones. 
Pero como ahora estamos de atacón en contra de Trump nos va a parecer mal absolutamente todo. Como lo de presionar para que las marcas americanas vuelvan a fabricar en suelo estadounidense. Con lo mucho que nos gusta a nosotros que las empresas españolas lo hagan todo en Asia teniendo aquí cuatro millones de parados. Ahora es China la defensora del libre comercio y la desregulación. Lo que hay que ver. 
Si el futuro de Trump se va a parecer a sus comienzos, más pronto que tarde acabará siendo víctima de sí mismo. Pero, entre tanto, tengamos cuidado con las lecciones que pretendemos dar. 

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 25/1/2017

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