jueves, 22 de diciembre de 2016

SABEN LO QUE DICEN



Por favor, atiendan un momento: ¿Cuál es el país europeo con mayor esperanza de vida? ¿Y cuál es uno de los de mejor calidad de vida? España, ¿verdad? Luego, piensen, ¿por qué hemos de adaptarnos a las costumbres del resto de Europa, a sus horarios, a sus tiempos de comida, trabajo y descanso, cuando los datos científicos demuestran que nuestro sistema es mejor o, al menos, nos permite vivir más tiempo? Vale, seguramente no somos tan productivos y eficientes como ellos, ni resolvemos con acierto la ecuación trabajo – familia, pero a las pruebas me remito: la organización al estilo del norte de Europa le lleva a uno a la tumba anticipadamente. Y es que comer a salto de mata un emparedado de pepinillos en escabeche no puede compararse a degustar tranquilamente un buen cocido. No hay color. Y por más que digan que lo suyo es lo moderno y civilizado, si te acorta la existencia no puede ser tan bueno. A no ser –y aquí viene el meollo de la cuestión- que de lo que se trate sea precisamente de acelerar la defunción de los españoles. Los japoneses tienen el mismo problema de longevidad, y eso que están expuestos a terremotos, tsunamis, tremendos vendavales y explosiones nucleares. Y aún así, no hace mucho que salió un ministro rogando a la población que viviera menos para que el sistema de protección social sea sostenible. Y el pobre, por sincero, fue defenestrado. Porque, al final, esto funciona como los seguros, para los que dejas de interesar en cuanto das el primer parte. En España, además, no solemos padecer la furia extrema de la naturaleza y, claro, a partir de los sesenta y tantos, empezamos a ser costosos. Ahora una vacuna, luego que si la próstata, la pensión, la pastilla para dormir… Y mal negocio si el cliente alarga este murri-murri veinte años más. En consecuencia, para mí que lo que están pretendiendo es acortarnos la esperanza de vida pero con disimulo, como si fuera un avance, a la europea, donde se fallece antes, haciendo que comamos las cochinadas que a ellos les matan, quitándonos el aperitivo, la siesta, mandándonos a la cama cuando hace sol. Ya, ya. A mí no me la pegan. 


LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 22/12/2016

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