miércoles, 2 de marzo de 2016

PREGUNTAS



Los abogados tenemos una norma no escrita que dice que jamás se ha de hacer una pregunta si se desconoce la respuesta. Porque ahí es donde se producen no pocos estropicios en los juzgados. Uno pregunta al tuntún, a ver si suena la flauta y el interrogado canta, y lo que suele suceder es que éste sale por peteneras o empieza a largar por esa boquita haciendo que toda la estrategia se venga abajo. ¿Por qué pasan esas cosas? Por preguntar.
En la calle viene a ocurrir algo parecido. Si ya la gente es dada a entrometerse y opinar sobre lo ajeno sin ser preguntada, no les digo nada si uno comete la torpeza de dar pie a ello. Recuerdo que hace años era costumbre enseñar la casa a las visitas. Aquí el lavabo, aquí el balcón, aquí el jarrón que nos trajimos de Talavera. Pues el caso es que una señora giró la correspondiente visita a la casa de mi madre, escaleras arriba, escaleras abajo y al final, torpe de mi que acababa de llegar, no se me vino a la cabeza peor idea que preguntar qué le parecía la vivienda. En buena hora. La señora en cuestión entró en una especie de trance decorativo y ocupó la siguiente e interminable hora al detalle de todo lo que haría en aquel lugar, qué cambiaría, qué podría aquí, que quitaría allá. Una hora de reloj. Cuando por fin se fue, corrimos todos a administrarnos aspirinas mientras mi madre no hacía más que repetirme: “pero tú, ¿para qué preguntas?” Y aprendí la lección. Nunca más. Bien es cierto que son multitud los que le cuentan a uno su vida sin necesidad de preguntar. El otro día, un individuo al que sólo conozco de vista se me vino encima para poner a parir a la nuera y a sus consuegros. Eso sin preguntar, como consecuencia de un leve gesto de saludo al cruzarnos en la calle. Te preguntarás qué estoy haciendo aquí. En absoluto; es más, ni me había fijado (voz interior). Pues te lo voy a contar. Uy, qué prisa tengo. Te acompaño y te cuento. Hombre, no me jorobes. A quién maté yo para merecer semejante condena  (la voz interior nuevamente). ¿Tú sabes quién es mi consuegro? Verás…

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA de las Cuencas el 24/2/2016

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