miércoles, 11 de noviembre de 2015

SOLAMENTE MÍO



Me acuerdo de Lun, un cocker spaniel hipermimado y un tanto neurótico que detestaba la comida para perros, prefiriendo la alimentación de los humanos del domicilio. Sobre todo, el chocolate. Era tal su dependencia del chocolate que dormía en el suelo con el hocico pegado al mueble en el que mi madre lo guardaba y del que salían unos efluvios extasiantes para el pobre Lun, que de pobre no tuvo nada, porque vivió como un marajá. 
Bueno, pues el caso es que no había manera de que Lun le hincara el diente a la comida para perros, salvo que deambulara por las proximidades de su cuenco algún congénere que mostrase interés en ella. Ay amigo. En ese momento Lun se lanzaba a devorar aquello que tanto le desagradaba. Lo que fuera con tal de que otro perro no lo aprovechara. Porque, aunque lo odiara, era suyo y solamente suyo.
Si se dan cuenta, la estúpida pelotera generada sobre los Premios Princesa de Asturias perdió todo su fuelle, volviendo las aguas al cauce del que nunca debieron salirse, en el momento en que desde Gijón se manifestó la disposición a convertirse en sede de los mismos, utilizando un argumento demoledor: Si Oviedo tiene problemas o reparos para acoger los Premios, aquí está Gijón. De inmediato, desde el ámbito político municipal ovetense se ahogó la polémica. Bocas cerradas y sonrisas profidén. La estrategia del perro del hortelano se fue al garete. Porque una cosa es echar en contra de “tus Premios” y otra bien distinta, y que podría conllevar que a unos cuantos los arrojasen al pilón, que “tus Premios”, gracias a las memeces de los recién llegados, acaben siendo organizados por tu álter ego playero. Si mueren, estupendo. Si se los llevan lejos, pues vale. Pero a Gijón no, por Dios. Eso sería como para pasar a la clandestinidad, desterrarse y no volver a asomar el morro en la capital del Principado jamás de los jamases.   
Desconozco si el ofrecimiento gijonés fue sincero o si se trató de una sutil maniobra para tocarle al Ayuntamiento de Oviedo las fibras más sensibles. Sea como fuere, el resultado fue brillante. Lo más efectivo que he visto en Asturias en muchos años. 

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS el 11/11/2015

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