miércoles, 11 de junio de 2014

TRADUCTORES



Pero qué útil es esto de internet, ¿verdad? Encuentras de todo, accedes a la información en un abrir y cerrar de ojos y solucionas en un momento lo que años atrás requería vueltas y más vueltas. Y de lo que se entera uno. Si vas a viajar, antes de ponerte en marcha puedes hacerte una idea del lugar, incluso puedes verlo a pie de calle, elegir el hospedaje, los restaurantes, los sitios que merecen la pena ser visitados, sobre la base de las experiencias de los viajeros que ya pasaron por allí. Por cierto, que tiene su gracia que en la mayoría de ocasiones encuentres opiniones radicalmente opuestas sobre un mismo hotel o restaurante. Ayer estuve buscando alojamiento en una ciudad concreta y casi acabo majareta –que, por otra parte, es el efecto secundario más relevante del exceso de información-. El mismo hotel, para unos estaba en el centro de la ciudad y para otros estaba bastante apartado. Unos sostenían que las habitaciones eran confortables mientras que otros aseguraban no haber podido pegar ojo. Para unos, el desayuno era abundante y correcto y para otros, escaso e incomestible.
Pero lo que ya es la bomba es la lectura de las críticas extranjeras traspuestas al castellano por obra y gracia de los traductores automáticos. Puede uno llorar de risa. Escudriñando en las decenas de opiniones sobre el hotel en cuestión encontré la siguiente frase: “Cuidado con las camareras crecientes tempranas”. Que uno lee eso y se sobresalta sí o sí. Pero qué clase de personal contrata ese hotel, que da miedo la cosa, unas camareras que crecen de madrugada o algo por el estilo. La verdad es que mi primera intención, por si las moscas, fue descartar definitivamente ese alojamiento. Pero me pudo la curiosidad y me detuve a leer aquella crítica en su totalidad. Gracias a la traducción automática, las doce líneas se hacían prácticamente incomprensibles, por lo que no se sabía si el hotel estaba bien o mal. Sólo saqué en claro que lo de las camareras crecientes tempranas se refería a que la limpieza de las habitaciones se iniciaba de buena mañana, demasiado pronto para el huésped. Y si aquella enigmática frase no me daba buena espina, imaginar el zumbido del aspirador a primera hora facilitó mi decisión.

Publicado en LNE de Las Cuencas el 11/6/2014



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