jueves, 23 de enero de 2020

CALOR EN ENERO



Según puse el pie en la calle en dirección a Ujo percibí que me sobraba el plumífero. Y la sudadera. Y hasta la camiseta. A punto de arrancar la tercera semana de enero debería haber salido en bañador y chanclas. Qué calor. Y en la radio alertan de tempestades de nieve en Levante. Tiene gracia el tema: puede nevar en Cullera y en Mieres, tiempo mejor que en primavera. 
Así es que los asturianos cada vez nos parecemos más a los peces tropicales. Por debajo de 15 grados la gente se lamenta del frío que hace. En qué quedaron los aguerridos astures que expulsaron a pedradas al moro. Esos sí que resistían lo que les echaran. Los sucesores somos unos blandengues.
¿Qué más da que las instalaciones de la estación de esquí de Pajares estén hechas una mierda? Con este calor, o lo forramos todo con espuma de afeitar o malamente. Dicen que el problema es que no está bien orientada. Pero, digo yo, eso viene sucediendo desde su creación, a no ser que, como resultado del vaticinio de Guerra –“A este país no lo va a conocer ni la madre que lo parió“- Valgrande quedase mirando para el lado por donde entra en aire calentorro. Es más probable que, a fuerza de agujerear la base de la montaña para que circulen los trenes que no circulan, el pico esté perdiendo altura. Quién sabe; igual te plantas allí y el altímetro no sube de medio kilómetro. Como para que nieve.
El clima ha cambiado, es incuestionable. Ahora que llevamos nuestros coches con unos estupendos neumáticos de invierno que dejan las cadenas en una anécdota del pasado, ver caer un copo de nieve sobre nuestras calles es algo extraordinario que, además, nos lleva al caos. Por falta de costumbre, claro. Dónde quedaron los canalones congelados y la pala y las botas a la puerta de casa para poder abrirse camino. Hoy llevo encima un montón de ropa porque es enero, y el cerebro recuerda que en enero hay que abrigarse. Este mediodía desde luego que no. Mañana, según dicen en la tele, hará frío. Como en invierno.

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 20/1/2020

EPIDEMIA




La tertulia del contenedor hace un llamamiento a la población: si bien es cierto que la generosidad es una virtud, el ánimo de compartir la gripe es un exceso indeseable. De hecho, nos hemos visto obligados a prohibir la asistencia a las reuniones a todos aquellos miembros que presenten síntomas, por leves que sean, de proceso gripal. Porque, siendo como somos los asturianos, incapaces de estarnos quietecitos en casa, no es de extrañar que nuestro territorio sea actualmente un concentrado de virus que campan libremente. 
En el centro de salud, rodeado de mocosos y tososos, no vi a nadie cubriéndose con una mascarilla ni utilizando los geles desinfectantes para las manos. En los bares no faltan los que se lamentan del gripazo que les afecta. En el supermercado abunda la clientela que estornuda en el mostrador de las frutas y tose sobre el pescado.
A ver, repasemos los conceptos básicos: si usted está enfermo, a no ser que sea estrictamente necesario, evite esparcir sus virus y, en consecuencia, sobre todo en los primeros días, cuando hay más probabilidades de contagio, evite el contacto con la humanidad. No es el momento de visitar a la familia, quedar a cenar con la pandilla, ir al cine y demás actividades públicas. No le va a suceder nada grave por dejar de ir al bar unos cuantos días. Y seguro que en la despensa y la nevera hay suficientes alimentos para resistir tres o cuatro días. No se preocupe: sobrevivirá.
¿Por qué no aprendemos algo de los japoneses? A la que se acatarran, mascarilla al canto y a reducir en lo posible el riesgo de contagio. Ponerse una mascarilla no es algo tan feo. La gente lleva piercings espantosos, tatuajes para llorar, unos pelos que válgame el cielo, los pantalones hechos jirones, ¿y va a darnos vergüenza la mascarilla? Vamos hombre, por favor.
La gripe vuelve cada año por Navidad, como el turrón, pero debido en buena medida a nuestra estupidez permanece y se extiende hasta Carnaval. 
A ver, usted, congestionado, mocoso, febril, con los ojos llorosos, ¿adónde va? Quédese en casa y no fastidie. 

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 14/1/2020

jueves, 9 de enero de 2020

HEREDAR



Esto es alevosía. El sorteo del Niño ha sido incluso más tacaño con Asturias que el de Navidad, que miren que fue calamitoso. Cero patatero. La suerte ha regado de billetes buena parte del territorio español, con especial abundancia en plazas en las que la enseña nacional provoca revoltura. En la tertulia del contenedor nos hemos visto obligados a cancelar la merendola de inauguración de la cuesta de enero. Sin pedrea no hay chorizos a la sidra.
El vocal de ejercicios espirituales está aterrorizado. Tiene un tío segundo a punto de estirar la pata y teme que haya hecho testamento a su favor. Ya siente el aliento de la hacienda del Principado en el cogote. Una colomina, una huerta, un Simca color vainilla y un par de euros en la cartilla aseguran un meneo tributario de campeonato. No lo pago ni con un riñón. Voy a renunciar a la herencia. Buena idea, porque heredar puede ser uno de los problemas más graves en la vida de un asturiano. El hijo de nuestro secretario estuvo haciendo cuentas y, a pesar de llevar en el paro desde que ZP dijo que España jugaba en la Champions League de la economía internacional, ha ordenado a sus padres que se lo fundan todo en vida. No quiere nada mientras mantengan su residencia aquí. Y le van a hacer caso: el piso en venta y a Benidorm cada dos por tres. Con un par.
El otro día vino al despacho un matrimonio para que les aconsejase acerca de su testamento. Un ático en Mieres y una casina en Tapia garantizan la ruina de sus herederos. Porque no es lo que valen sino lo que los vampiros dicen que valen. Por ahí viene la estocada. Más las plusvalías, las escrituras, el registro… Tienen unos buenos hijos; no les hagan esa faena. Otros dos que salieron dispuestos a cepillarse hasta el último céntimo. Por el bien de la descendencia.
Ya lo saben, asturianos: si quieren dejar un buen recuerdo no olviden nada de valor aquí.

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 9/1/2020

NADA DE NADA



La consulta se demora. Tomamos asiento en el área de espera, bien situados para seguir el turno en la pantalla de llamadas, en un ángulo óptimo para contemplar el ir y venir a la cafetería y un cubículo ocupado por dos y a veces hasta tres empleados. Me interesa un individuo en particular, que deambula por el pequeño espacio. Examina sus uñas, mira por la ventana y observa el tránsito de batas blancas rumbo a la cafetería. Un cuarto de hora después, el sujeto en cuestión no ha hecho nada, laboralmente hablando. A ratos se apoya en el mostrador y en un arrebato de actividad ha dedicado un buen tiempo a examinar su indumentaria blanca. Todo en orden. Se sienta embobado, con la mirada perdida. De repente, garabatea en un papel. Se incorpora. Ay madre, que va a hacer algo. Pero se concentra en el calendario colgado en la pared, estudiándolo minuciosamente. Alguien tan ocupado ha de organizarse.
Un leve movimiento de la cabeza me permite detectar el tercer paseo de la misma bata camino de la cafetería. Viene a salir a café cada diez minutos, más o menos. Pasan los números y ninguno es el nuestro. Paciencia. El tipo del mostrador está como petrificado, catatónico. Lleva un rato así y la gente pasa a su lado como si no existiera. Porque, en verdad, funcionalmente no existe, a pesar de que, con toda seguridad, cobra un salario bastante decente. 
Nos toca. Lo habitual: un trato excelente, en lo profesional y en lo personal. Cómo se agradece esto. Recorremos la sala de espera  y el fulano “estático” ha desaparecido. No me digas que, por fin, se puso a hacer algo. Acerté: estaba haciendo pis y retorna parsimonioso al puesto de trabajo para continuar con su empeño: absolutamente nada. Qué fenómenos él y el que le paga el sueldo.
Caminando hacia la puerta nos cruzamos con la bata cafetera. Y van cuatro viajes, que haya visto. Menuda mañana ajetreada que lleva. Otra “fenómena”. Hay que ser un portento para tener un empleo bien remunerado por no hacer nada de nada.

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 8/1/2020

DESCONEXIÓN




La realidad puede resultar tan acongojante que o te insensibilizas o no vives. Ahí tenemos a Trump haciendo cuanto puede, y puede mucho, para poner el mundo patas arriba. Y al principio te preocupabas por los inmigrantes y el muro que pagarían los mejicanos. Después vinieron las amenazas a Venezuela y Cuba. Y los vaivenes con el trastornado norcoreano. Cuando se desvelaron sus peligrosas conexiones con Rusia decidí ir desconectando. Porque puede uno infartarse si se lo toma a pecho. La cosa siguió con las guerras comerciales con China y Europa, gracias a las que algunos pintan un lóbrego futuro económico para todos. E hice oídos sordos, porque no estaba dispuesto a enfermar por culpa de un chiflado. Ahora acaba de ordenar el asesinato de un mandamás iraní y ya tenemos el panorama internacional incendiado. Esto no es más que un brevísimo resumen de las andanzas de Trump, que a cada paso que da pisa una mina que puede explotar en nuestro trasero. Y, lo reconozco, lo que en su momento me mantuvo inquieto hoy lo tomo con bastante indiferencia, más que nada como un recurso de auto protección. 
Lo mismo me sucede con la política nacional. Y observo con cierta lástima a los que se toman a la tremenda esta locura. Paso sin detenerme por la sesión de investidura y lo poquito que escucho es suficiente para estimular mi desinterés. Entre los terribles augurios de unos, la caradura de otros y las mentiras de todos, lo recomendable es evadirme y continuar como si nada. Porque ante el monumental dislate de la política doméstica poco puedo hacer. Y si lo que sienta las posaderas en los escaños del Congreso es la representación auténtica de la voluntad popular, pues esto es lo que hay. Los españoles somos así, al menos políticamente, y si no te gusta, ajo y agua. 
Y mientras esquivo a unos y a otros, que todo lo interpretan, como el fútbol, con el filtro miope de sus colores, hago lo posible por mantener efectiva mi desconexión y seguir con mi vida, intentando solucionar lo que está a mi alcance. 


LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 6/1/2020

EL PRECIO DE LA SUERTE



En la tertulia del contenedor aún no fuimos capaces de asimilar la hecatombe de la lotería de Navidad. Entre todos, cero euros. Ni un duro. La suerte nos fue esquiva como con el resto de Asturias. Está claro que el centralismo sigue presente, aunque sea para repartir décimos con premio. “El año próximo vamos a Doña Manolita”, anunció el tesorero. Minutos después se retractó. ¿Por qué? Muy sencillo: hizo cuentas de lo que cuesta una excursión a Madrid a comprar lotería y habría que ser muy afortunado para que compense. Los peajes del Huerna y Adanero, ida y vuelta, por sí solos ya se meriendan un quinto premio. Si te toca una pedrea, palmas dinero.
Para que luego digan de independencia. Nosotros, los asturianos, sí que somos cada vez más independientes de la capital. Porque no cesan de ponernos obstáculos y complicaciones. Los peajes tienen su importancia, pero hay que sumar el precio de los cuatro amortiguadores que hay que cambiar cada vez que pasas por el tramo León – Benavente y viceversa. Si circulas como Dios manda, o sea, por el carril derecho, el coche se te desarma. Y si pretendiendo evitar averías pasas al carril izquierdo, te multan. Pero si superas el tramo sin verte obligado a llamar a la grúa, un poco más allá te esperan emboscados unos cuantos radares de la DGT. Y, por si fuera poco, puede perseguirte un helicóptero. Y llegando a Madrid, como no luzcas en el parabrisas las etiquetas oportunas, te fríen a sanciones. Y que no caiga medio copo de nieve en el Huerna, que echan el cierre y te dejan bloqueado. En resumen, que ir a Madrid a por lotería es un acto poco menos que heroico, además de carísimo. De hecho, las probabilidades de volver con algún daño son muy superiores a las de que te toque un premio decente.
Qué curioso que los catalanistas quieran alejarse de España mientras Asturias, de facto, y sin haberlo reivindicado, está cada vez más lejos. Igual si los imitáramos cambiaría nuestra suerte de una puñetera vez. 

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 4/1/2020

DE JORNADA Y TRABAJO



Ayer por la mañana me llamó el vicepresidente de la tertulia del contenedor. “Me han dicho que van a obligar a los empleados municipales a trabajar 35 horas semanales” – susurró como quien teme ser escuchado. “Me parece que los tiros no van por ahí”, respondí. “Lo traía LA NUEVA ESPAÑA”, insistió. “Lo que decimos en LA NUEVA ESPAÑA va a misa, como ya sabes, pero creo que confundes jornada laboral con trabajo efectivo”, pretendí aclarar. “Bueno, voy a colgar y a ver si me entero de qué va el tema. Esta noche reunión de urgencia”, anunció. “Recibido. Cambio y corto”, concluí.  
Efectivamente, a la hora convenida, los contertulios comparecieron con los deberes hechos. Incluso los hubo que consultaron diversos archivos, tras lo que se pudo constatar que no hay precedentes de que ningún empleado del Ayuntamiento de Mieres haya trabajado nunca durante 35 horas en una semana. Y, una vez establecido que el acuerdo alcanzado viene a significar que se trabajará igual que hasta ahora pero en menos tiempo, cundió entre los presentes una sensación de alivio, pues percibimos que la sombra de la moderna esclavitud laboral se alejaba de nuestras proximidades.
Y es que no dejan de llegarnos noticias de empleados atados a sus puestos día y noche, currando más allá de los tiempos establecidos, controlados a través de los móviles, imposibilitados para desconectar del trabajo, sin derecho al descanso y, encima, mal pagados y con la permanente amenaza de la carta de despido. Eso no puede ser. Y nos parece requetebién que nuestro Ayuntamiento abandere la justicia y la calidad laborales. Y si lo que hasta ahora se hacía en 40 o 37 horas puede completarse en menos tiempo, pues para qué vamos a tener al personal sujeto y mirando a las musarañas, sin nada que hacer por haber finalizado todas las tareas. Hala, para casa y a vivir. 
De hecho, ya nos dijeron que hay una parte de la plantilla que con un par de horitas semanales a buen ritmo se arreglaría para despachar lo que hoy le ocupa tanto tiempo. Bueno, pues habría que plantearlo.

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 27/12/2019