lunes, 16 de noviembre de 2015

ADMIRACIÓN



Muy guapo el anuncio del Banco Sabadell. Rafa Nadal pasea tranquilamente por el campo con su tío Miguel Ángel. Y reflexionan. La vida, el esfuerzo, la motivación, el futuro… Nadal es uno de esos tipos que tienen la facultad de caer bien. Parece razonable, sensato, tratable y con los pies en el suelo. Algo muy poco habitual en personajes tan jóvenes, tan triunfadores y tan ricos. Es, sin duda, una excepción.
Y vaya por delante mi admiración. Pero, tras ver el anuncio, pienso: ¿Qué hace este chico para volar tan alto, para merecer un reconocimiento prácticamente universal, para ser un ejemplo a seguir? Pues se pasa la vida dándole mandobles a una pelotita, de acá para allá, golpe tras golpe. Que lo hace muy bien es indudable. Pero eso es todo. No investiga para curar enfermedades, no trabaja en la solución de los problemas de la gente, no lucha por salvar vidas, no se esmera para procurar un mundo mejor. Ni siquiera presta un servicio a nadie. No sirve ni conduce ni consuela ni escucha ni aconseja ni alimenta ni atiende ni auxilia a nadie. Simplemente juega al tenis, una actividad que no produce mayores avances a la humanidad y por la que es inmensamente recompensado. Nadal no remedia ninguno de los problemas y necesidades que podamos tener. Dándole raquetazos a una bola no nos provee de un refresco, no nos transporta, no nos vacuna contra la gripe, no nos defiende en un pleito, no nos envuelve unos lomos de merluza, no nos soluciona la fuga de agua, no limpia una acera, no nos gestiona unos billetes de tren, no educa a los niños. En definitiva, no hace nada por nosotros. Solamente nos entretiene. Y, curiosamente, sentimos por él una tremenda admiración. Y nos emocionamos en sus victorias. Y nos entristecemos en sus malos momentos. Sin embargo, a todos esos que cada día hacen algo por nosotros, que nos facilitan la vida, no les dedicamos ni un simple gesto de agradecimiento. Sin Nadal, Ronaldo, Messi o Beyoncé nuestra vida no se vería afectada. Sin un médico, una abogada, un agricultor, una conductora de autobús, un carnicero, una cartera, un cajero, una recepcionista, un panadero, una policía, un antenista, nuestro día a día se complicaría y, en algunos casos, mucho.   

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS el 13/11/2015

miércoles, 11 de noviembre de 2015

SOLAMENTE MÍO



Me acuerdo de Lun, un cocker spaniel hipermimado y un tanto neurótico que detestaba la comida para perros, prefiriendo la alimentación de los humanos del domicilio. Sobre todo, el chocolate. Era tal su dependencia del chocolate que dormía en el suelo con el hocico pegado al mueble en el que mi madre lo guardaba y del que salían unos efluvios extasiantes para el pobre Lun, que de pobre no tuvo nada, porque vivió como un marajá. 
Bueno, pues el caso es que no había manera de que Lun le hincara el diente a la comida para perros, salvo que deambulara por las proximidades de su cuenco algún congénere que mostrase interés en ella. Ay amigo. En ese momento Lun se lanzaba a devorar aquello que tanto le desagradaba. Lo que fuera con tal de que otro perro no lo aprovechara. Porque, aunque lo odiara, era suyo y solamente suyo.
Si se dan cuenta, la estúpida pelotera generada sobre los Premios Princesa de Asturias perdió todo su fuelle, volviendo las aguas al cauce del que nunca debieron salirse, en el momento en que desde Gijón se manifestó la disposición a convertirse en sede de los mismos, utilizando un argumento demoledor: Si Oviedo tiene problemas o reparos para acoger los Premios, aquí está Gijón. De inmediato, desde el ámbito político municipal ovetense se ahogó la polémica. Bocas cerradas y sonrisas profidén. La estrategia del perro del hortelano se fue al garete. Porque una cosa es echar en contra de “tus Premios” y otra bien distinta, y que podría conllevar que a unos cuantos los arrojasen al pilón, que “tus Premios”, gracias a las memeces de los recién llegados, acaben siendo organizados por tu álter ego playero. Si mueren, estupendo. Si se los llevan lejos, pues vale. Pero a Gijón no, por Dios. Eso sería como para pasar a la clandestinidad, desterrarse y no volver a asomar el morro en la capital del Principado jamás de los jamases.   
Desconozco si el ofrecimiento gijonés fue sincero o si se trató de una sutil maniobra para tocarle al Ayuntamiento de Oviedo las fibras más sensibles. Sea como fuere, el resultado fue brillante. Lo más efectivo que he visto en Asturias en muchos años. 

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS el 11/11/2015

martes, 10 de noviembre de 2015

FABADA OMS



Consternado tenemos a uno de los miembros más activos de la tertulia del contenedor. El pasado domingo fue con su esposa a un restaurante y allí intentaron convencerle para que degustara una “fabada OMS”, cuya principal característica es la sustitución del tradicional compango 100% porcino por otro a base de carnes blancas de pollo y pavo. Una vergüenza. Tal fue su indignación que, de inmediato, abandonó el establecimiento para tomar asiento en una sidrería de las de toda la vida. Lástima que allí no sirvieran fabada, como en tantos locales típicamente asturianos, en los que no se oferta el plato más típicamente asturiano. Pero no cedió ante la fabada desnaturalizada y descochinada. Hasta ahí podíamos llegar. La OMS, por muy OMS que sea, no es quien para poner patas arriba nuestras costumbres alimentarias. Recordemos que la OMS también fue la responsable de la alarma global sobre la epidemia de gripe A, que iba a llevarnos a casi todos por delante. Ahora, lo que tenemos son millones de vacunas caducadas. Así que, ojito. Yo también caí en la estupidez de comprar salchichón de pavo y sucedáneos de embutidos de base vegetal. Una mierda pinchada en un palo. No creo que los inventores de semejantes bazofias las coman. Más bien tendrán las despensas repletas de jamón ibérico y chorizos de Cantimpalo. Por descontado que no voy a caer otra vez en ese error. La corbata de seda, el zapato de piel, el calzoncillo de tiro largo, el papel higiénico de doble capa y el compango de gocho. Y no hay más que hablar.
Doctor, si sigo sus recomendaciones, me pongo a caminar todos los días, dejo de fumar, de comer lo que me apetece y de beber lo que me gusta, ¿viviré más? Pues no, pero el tiempo que viva se le va a hacer eterno.
Pues eso, que así no es plan. Que la fabada OMS se la coman los espabilados de la OMS, si tienen estómago para ello. Desde la tertulia hacemos un llamamiento a la calma y a respetar las tradiciones culinarias de esta gloriosa tierra. Y quedan advertidos de que al que sorprendamos promocionando esas guarrerías pavisosas en descrédito de nuestro maravilloso gochín, lo tiramos al contenedor. Porque no vale ni para reciclar.          

Publicada en LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS el 10/11/2015

LONGEVIDAD



Recuerdo cómo pusieron de vuelta y media a aquel ministro japonés que le pidió a su pueblo que se muriera más y más pronto. Los nipones son los más longevos del mundo. Y eso no hay sistema de seguridad social que lo resista. Los españoles, subcampeones, a unas pocas décimas del primer puesto. 83 años de media. Esto va a quebrar sí o sí. Cuatro millones y pico de parados y un creciente número de jubilados que cada día viven más. No me salen las cuentas. Y, afortunadamente, a un 30% de padres y abuelos españoles, tampoco. Porque ese es el porcentaje de niños con sobrepeso en este país, lo cual es un dato ciertamente alentador. Gracias al infinito amor a la patria y a su espíritu solidario, un tercio de nuestros niños están siendo cebados cual cerditos por sus familias, rollizos, bien forraditos de grasa, con la finalidad de que enfermen a edades tempranas y mueran antes de alcanzar la jubilación. O sea, que vivirán lo suficiente para aportar a la caja de la Seguridad Social pero no tanto como para disfrutar de lo aportado. Una idea brillante. Un sacrificio que debería llenarnos de emoción.
Porque esos papás que tienen un nene como un hipopótamo, alimentado a base de bollería industrial y refrescos, que no hace deporte, que no camina, que sólo sabe entretenerse jugando con el móvil, saben lo que están haciendo. No será por falta de información, digo yo. Es una estrategia bien pensada para salvar España. Lo ceban bien cebado para que ya tempranito sea diabético, hipertenso y cardiópata. Así, si todo transcurre con normalidad, entre los 50 y los 60 años, como mucho, la palma. Y una pensión que se ahorra España. 
Así que cuando vean a una niña redonda como un botijo piensen que están ante un sacrificio humano, el impagable acto de generosidad de unos padres que sólo quieren que este país se vaya liberando de la pesada carga que arrastra. Sí, está gorda, gordísima, pero dará la vida por nosotros y por este país. Porque esta suicida carrera hacia el liderato mundial de longevidad no nos lleva más que al colapso. Que como no le pongamos remedio, vamos a acabar todos queriendo cobrar una pensión sin nadie que trabaje.   

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS el 8/11/2015

PUTIFERIOS



Sí, de acuerdo, es corrupción, pero no me negarán que resulta mucho más simpática que la mangancia pura y dura al estilo catalán, de maletines cargados rumbo a la frontera. Que figuren apuntes contables referidos a “putiferio” y “varios y putas” denota que el autor de la contabilidad, además de sinceridad, tiene un sentido del humor muy desarrollado. Y por importes moderados, por no decir roñosos. Mucho en viajes, palcos del Bernabeu y arreglillos caseros, pero muy poco en putiferio. Cómo se nota que pesa el historial de colegios de curas y bodas catedralicias. Pecar sí, pero con mesura. Al menos que se sepa por ahora. Y una vez más -y ya van unas cuantas- tenemos al PP asturiano haciendo de las suyas a las puertas de unas elecciones. En esta ocasión,  generales de resultado ajustado, a tenor de lo que marcan las encuestas. Pues ahí los tienen, contribuyendo dentro de sus posibilidades a que Mariano, como el turrón, vuelva a casa por Navidad. Y, encima, buscando alianzas con Foro. Vaya momento para ponerse a reanimar antiguas amistades. Con la Pokemon hirviendo y salpicando la cocina. E investigando la Pokemon, la jueza De Lara, que suele dejarlo todo atado y bien atado. De hecho, nos ató en matrimonio a Cris y a mí. Negro porvenir el de los peperos de varios y putas. Pero que muy negro, a pesar de que el puticlub es un clásico, el lugar en el que tantas negociaciones se cierran, tantos acuerdos se alcanzan, tantas estrategias se idean. ¡Cuánto de lo que nos afecta cotidianamente se ha gestado en el puticlub!  
Ahora, a dar explicaciones, ante la prensa y en el domicilio, que debe de ser lo más complicado. Mientras espero mi turno en la consulta pasa por delante un auténtico artista del “putas y varios”. Cuando trascendió públicamente  dónde solía organizar sus reuniones de trabajo se llevó un tremendo golpazo en los lomos con una llave grifa. Un lamentable accidente doméstico, dijeron. Tuvo que jubilarse porque no era capaz de organizar nada en un despacho. No se concentraba.
Ahora, a los señalados de la trama del agua no les queda otra que mostrar los extractos de cuenta y los cargos de las tarjetas. En público y en casa. Vaya marrón. 

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS el 7/11/2015

QUÉ HACER (O NO HACER)



Si viviéramos en un país normal, el problema secesionista se resolvería aplicando la ley con el respaldo mayoritario de la ciudadanía y de las fuerzas políticas. Pero como no vivimos en un país normal, ahora nos hallamos en un brete. Porque, una vez llegados a este punto, con declaraciones unilaterales de independencia, cualquier medida que se tome o se deje de tomar estará mal. Si no se hace nada, malo. Y si se hace, también. Sería un error decretar la suspensión de la autonomía. Una intervención militar para desalojar el parlamento y el gobierno catalanes, ni soñarlo. La cancelación inmediata de la financiación estatal, demasiado duro porque pagan justos por pecadores. La detención y enjuiciamiento de los promotores del golpe de estado, políticamente chungo. Convocar a la sociedad no independentista para que se eche a la calle y se rebele contra el régimen corrupto y mafioso que a través de la separación busca la impunidad, inviable dada la imposibilidad de que los partidos políticos españoles se unan para hacer algo en común por el bien de España. Ya sólo para organizar una manifestación imagínense qué lío: el lema, la pancarta, banderas sí, banderas no, constitucionales, tricolores... Mejor dejarlo.  
Si nosotros mismos no somos capaces de ponernos de acuerdo en lo básico, en la jefatura del Estado, en el himno, en la bandera, en el escudo, ¿cómo vamos a estarlo para poner el pie en el freno del proceso soberanista catalán? ¡Pero si tenemos reparos para llamar España a España! Entonces, ¿y si no hiciéramos nada, de modo que consintiéramos que Cataluña se estrelle contra el murallón del día después de la independencia? Pues mal también, porque la defensa de la unidad nacional es una obligación básica. Y si insistimos en seguir dialogando y aguantando desplantes, igualmente mal, porque ya está bien de ser los calzonazos de esta historia. Y si saciamos la sed secesionista con más dinero, horriblemente mal por lo generosos que somos con los que se quieren marchar, teniendo los territorios inequívocamente españoles motivos más que sobrados para sentirse agraviados en lo más profundo. 
En consecuencia, puesto que sea lo que sea que se haga o no se haga estará mal, casi mejor dejar de pensar en ello y continuar con nuestra vida como si tal cosa. 

Publicada en LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS el 4/11/2015

TAMBIÉN



Los embutidos son perjudiciales para la salud. También. Al final, todo es malo. Todo puede ser cancerígeno. Todo mata. Como el hambre. ¿Carne? Buf, chungo. Si es roja, mortal. Si es blanca, como para ser así de blanca los pobres animales son atiborrados a potingues artificiales, tratados con antibióticos, alimentados con químicos, mejor no probarla. ¿Pescado? Un grave peligro. Los mares y océanos están hasta arriba de basura, contaminados con carburantes, metales pesados, sustancias tóxicas, plásticos… Y todo eso lo incorporan los pobres pececillos. Así que, si antes de ponerlo sobre la plancha, a ese hermoso lomo de merluza se le practica la autopsia, resulta que te encuentras con unos niveles de plomo, mercurio e hidrocarburos como para arrancar un coche. Y anda que en las aguas dulces no se acumula basura, con las truchas buceando donde se refrigeran las centrales nucleares, donde se alivian los purines de las explotaciones ganaderas, donde nos libramos de las aguas fecales. ¿Vegetales? Teóricamente perfecto. En la práctica, a tope de insecticidas, regados con aguas contaminadas, expuestos a humos y vapores tóxicos, “retocados” con sustancias químicas. En fin, un asco. ¿Comida procesada? La muerte envasada. Conservantes, colorantes, emulgentes, gasificantes y un montón indeterminado de mierda que comienza por la letra E. El agua que bebemos tiene de todo menos agua, empezando por el cloro, que lo estamos tragando a chorro. La leche está manipulada de tal modo que ya no sabe a leche. Es más, como sepa a leche, no gusta. Como el cordero que conserva el saber a cordero. Corderizo, decimos. Y lo rechazamos. Los huevos, los que ponen las gallinas me refiero, cargados de colesterol del malo malísimo y estallan en contacto con el aceite porque dentro de esa cáscara hay algo más que huevo.
Llegados a este punto, ¿cómo nos las arreglamos? Porque esto se parece a lo del burro, que cuando logré que aprendiera a no comer va y se muere. Pues ya me contarán. ¿Qué hacer para alimentarse sin arriesgar la vida? Porque todo es malo. Y yo tengo hambre. Qué le voy a hacer. Me suenan las tripas. Y aunque me vaya la vida en ello, le voy a pegar un meneo al salchichón que voy a dejarlo temblando. A pesar de que sea horrible para mi salud. También.

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS el 3/11/2015