martes, 26 de junio de 2018

ACTUALIDAD




La realidad actual es tan cambiante que el opinólogo “a la antigua” se las ve y se las desea para redactar algo que aguante un día. Así no hay quien escriba. Dejas pasar una semana para que vaya asentándose el nuevo Gobierno y cuando por fin te pones frente al ordenador para disculpar la falta de espíritu deportivo de Maxim Huerta, poco después se desvanece su etapa ministerial. El televisivo Huerta fue perseguido por sus mensajes de Twitter como en el juego del comecocos. Pero una vez que pulsé la tecla de enviar, hala, un “fregao” fiscal se lleva por el desagüe la carrera política del fugaz ministro. No hay derecho. Cuando empecé en este negociado la vida iba más despacio y daba tiempo a escribir y publicar sin riesgo de que la columna caducara. En las cuencas sólo hablaba Villa, que lo hacía de vez en cuando y durante horas. Todo muy previsible. Entre cada uno de sus rollos patateros quedaba tiempo de sobra para digerir sus pesados discursos. Además, los gobiernos españoles eran estables, con pocos y espaciados cambios de carteras. Escribías, llevabas el folio a la redacción, se transmitía a la central y tiempo después aparecía en el periódico. Sin prisas y bien hecho. Pero eso de las dimisiones exprés de los ministros deja al columnista de pueblo completamente desamparado, como un barco sin motor en medio de la tempestad. No es broma, que tras el patinazo de Maxim Huerta decidí abordar el tema del mundial de fútbol. Y recordé aquellos tiempos en que nuestra selección era un avispero que nos llevaba de fracaso en fracaso hasta que llegó Luis Aragonés. Y pareció que aprendimos la lección. Bien, termino mi columnita más contento que unas pascuas y se destapa el insólito asunto de Lopetegui, que más inoportuno no ha podido ser. A la basura mi escrito. La selección vuelve por sus fueros. Así no hay manera de opinar sobre la actualidad, como no sea que te lances a mandar mensajitos por las redes sociales. Porque, en lo que se demora su publicación en el periódico, la realidad entierra tu perspectiva. Así que, lo siento, pero habrá que opinar sobre algo menos perecedero, si es que lo hay.

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 20/6/2018

BLANQUEAR EL PASADO




En previsión de que una cartera ministerial o cualquier otro cargo de confianza llamasen a mi puerta, llevo una semana revisando cuanto he escrito en prensa y redes sociales y no tengo más opción que rendirme. No soy apto. No superaría la primera pregunta del polígrafo. NI siquiera encuentro mi trabajo de fin de máster. Lo recuerdo, porque fue un rollo de consideración, pero no sé qué hice con mi copia. Y a saber qué hizo la universidad con las suyas. Tiemblo sólo de pensarlo. Media hora de investigación sobre mis actos y dichos a la largo de mi vida serían suficientes para dejarme fulminado en la primera rueda de prensa. Porque hay que estar inmaculado para acceder a uno de estos puestos. Ya no se consiente ni una disputa con Hacienda. Ni un comentario que cuestione la desorbitada relevancia y los excesos salariales de algunos deportes. También son sospechosos los expedientes brillantes. Y provenir de familia pudiente. Y tener éxito profesional y en los negocios. O sea, que si uno aspira a altas responsabilidades políticas lo más conveniente es mantenerse en la mediocridad y el silencio. Y puestos a destacar en algo, aunque sea por ser un zote, queda mejor hacerlo ya bien instalado en el cargo. Por cierto, que ahora andan rastreando un supuesto máster a la remanguillé del Presidente Sánchez. Y la penúltima delegada del Gobierno en Extremadura aguantó en el puesto sólo 50 minutos, batiendo de largo la plusmarca de Màxim. Lo que les decía, prepárense por si corre el turno y pónganse en serio a blanquear sus pasados. Por si suena el teléfono. Y tengan presente que Facebook y Twitter serán sus tumbas políticas como no se anden con sumo cuidado. Los rivales no descansan en el rastreo de vergüenzas, y al que ose postularse, que tenga presente que alguien llegará para ponerle sobre la mesa cada manchita en el expediente vital. Por ello, renuncio. Rechazo ser presidente o ministro. Ni siquiera delegado del Gobierno. Eso de que buceen en tu historial, como que echa para atrás. Si ni a nosotros mismo nos agrada recordar las “cantadas” cometidas en el pasado, como para que mañana las aireen al mundo. No hijo no.  

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 26/6/2018

martes, 5 de junio de 2018

EJEMPLARIDADES I, II y III



Lo de Pablo Iglesias y el chalé es lo de siempre: uno es de una manera hasta que puede permitirse ser de otra. Ejercer de comunista con una economía modesta es mucho más sencillo que continuar siéndolo cuando ganas un pastón. Lo que ya resulta más molesto es que al resto nos traten como si fuéramos tontos, y quizá lo seamos. Lo afirmado en el pasado ya no existe, lo prometido se esfuma. Lo dicho deja de ser regla para quien lo dice, si bien se mantiene en vigor para el que escucha. Recuerden lo del médico gordinflón que atendía las consultas fumando un puro de medio metro de largo: “Haga usted lo que yo le digo, no lo que hago”. Pues eso. Yo conozco católicos de misa diaria que han rechazado recibir la comunión de un sacerdote negro. Perdón, de color. De color negro, quiero decir. Pero el mensaje de Cristo no dice eso por ninguna parte. Al contrario: todos los hombres –y mujeres, claro, que hay que puntualizar- somos iguales, creados a su imagen y semejanza, y hemos de amarnos los unos a los otros como a nosotros mismos. ¿Y cuántos cristianos que dicen serlo cumplen o intentar cumplir las reglas básicas de su fe? Pues una minoría, la verdad. También conocí a un célebre comunista (o seo decía él que era), que vivía en un ático alucinante atendido por un mayordomo con librea. Ya saben: comunismo para el resto. Porque es muy difícil ser realmente como afirmamos y cumplir nuestras propias reglas. Yo mismo exijo desde esta columna tal y tal cosas que luego no me aplico. Porque una cosa es predicar, y otra, dar trigo. Y el que habla de la justicia social y la lucha contra el capitalismo se convierte en el mayor capitalista en cuanto puede. Y toma chalé con piscina. Se acabó el contacto con la calle, adiós a los barrios populares. Eso que lo practique el resto de la militancia, que a mí me da la risa. Y el que afirmaba que pagar impuestos era el acto más satisfactorio que podía realizar un español, se apropió de todo lo que pudo y se lo llevó bien lejos. Y sin pagar, claro. 

La causa más seria del problema de identidad que padece España estriba, precisamente, en que quienes ondean nuestra bandera, los que nos representan, no transmiten el ejemplo debido a la ciudadanía. La Familia Real y alrededores, todos los poderes, desde el legislativo hasta el mediático, pasando por el Gobierno, las cúpulas judicial, financiera, empresarial, sindical, eclesiástica, la nobleza…no superan la prueba del algodón. El poder español ha sido y es muy poco ejemplar. Mucho discurso engolado, mucha rojigualda o tricolor, mucha llamada a la unidad, al esfuerzo colectivo y solidario, pero también, mucho dinero escaqueado y trampas a tutiplén. Lo ancho, para ellos y lo estrecho, para el ciudadano de a pie. Por eso, no es extraño que cada vez haya más partidarios de que sus ladrones sean “de casa”. Ya que me van a robar de todos modos, prefiero a los de confianza. El otro día, un amigo la mar de cabreado hablaba de fusilar por traición a los líderes separatistas. ¿Y no son traidores los que dicen defender a España pero la saquean? ¿Qué gobernantes hemos tenido a lo largo de nuestra historia? ¿Cuántos de ellos amaron y respetaron al pueblo español? Observen el pelaje de los que hoy representan la unidad de España frente a los puigdemones. Qué clase política tan lamentable. Qué partido tan indecente ocupa el Gobierno. Qué Presidente tan impresentable. Y la Corona, también enfangada. ¿Cómo pretende el Estado ponerse de ejemplo frente a los disparatados independentistas? Precisamente, la falta de ejemplaridad de la representación española es el arma más potente del secesionismo. Y nuestro problema, el de la ciudadanía, es que se nos va la fuerza por la boca, nos escandalizamos mucho pero el calentón se nos pasa rápido. Y los mangantes prosiguen a su aire. Además, soportamos sus explicaciones, las insultantes justificaciones de sus tropelías e interesadas contradicciones. Iglesias no tiene más que aguantar un poco la marejada, esperar al siguiente lío, que en su caso son Zaplana y la sentencia de la Gurtel, y ya está. Unos en el chalé, otros coleccionando “casos aislados”, los terceros, al sol que más calienta y los de más allá, con su corazón a la izquierda y la cartera repleta a la derecha.

Igual es que soy muy simple, pero tiendo a fiarme más de los que viven como hablan, de los que hacen lo que dicen. El solidario que pide solidaridad, el pacifista que lucha por la paz, el ecologista que se comporta como tal, el antisistema que no vive del sistema, el creyente que es consecuente con los mandatos de su fe, el patriota que cuida y respeta su patria. Puedo estar de acuerdo con ellos o no, pero su coherencia es digna de consideración. Porque estoy harto de todos esos que se ponen como ejemplos cuando no lo son, ni mucho menos. El movimiento se demuestra andando y las lecciones, antes de darlas, hay que cumplirlas. Cada vez que arranco el día pensando que vaya mierda de pueblo, vaya mierda de región, vaya mierda de país, procuro fijarme en los auténticos ejemplos que nos rodean. Por la calle me cruzo con un matrimonio mayor que cuida bebés necesitados. El último, un churumbel precioso al que llevan como un bombón, está a la espera de que su madre consiga desengancharse de la droga. Y, mientras tanto, tiene un hogar amoroso y seguro aquí. Veo venir a otro buen hombre que empuja la silla de ruedas de su hermana minusválida, a la que trata con una delicadeza que emociona. Y me saludo con gente cumplidora y respetuosa, que busca el bien de los suyos sin desear ni causar mal a nadie, que cada día hace lo que puede para seguir adelante, que se esmera para que los que vienen detrás tengan un buen futuro. La ejemplaridad de la que carece, aunque presume de ella, la parte alta de la pirámide social, se puede encontrar más abajo. Claro está que hay una impresionante cantidad de tontos, así como de incumplidores, tramposos, vagos y egoístas que no mueven un dedo por nadie. Pero si este país, a pesar de todo, es uno de los mejores lugares del mundo para vivir, únicamente se explica por el esfuerzo sostenido de la mayoría de una sociedad que no merece el trato que recibe por parte de sus dirigentes. No es necesario alzar la mirada y buscar en las alturas los ejemplos a seguir. Los tenemos al lado.   

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 28/5, 30/5 y 4/6/2018

martes, 22 de mayo de 2018

CONTRADICCIONES




Es curioso que la misma persona que de modo tan enérgico se manifestaba en contra de la pena de prisión permanente revisable, cinco minutos después exigía una condena enorme para los malnacidos de “la manada”. “Merecen morir” – exclamó. Y yo, en el fondo, no estaba en desacuerdo del todo. Pero ya que hemos de dar cierto ejemplo evolutivo, descartada la pena de muerte, por aquello de que nadie tiene derecho a arrebatarle la vida a un semejante, por muy malo que sea, reconozco, y creo haberlo manifestado en ocasiones precedentes, que hay criminales que no cambian, para los que no existe terapia que modere la tormenta de esas cabezas que no piensan más que en causar dolor y miedo. Un violador, alguien que abusa sexualmente de niños, un elemento que siente placer torturando a otra persona, una piara de cobardes que se excita desgraciando la vida de una chica, un monstruo que trafica con seres humanos para satisfacer la demanda de una clientela de depravados anormales, deberían ser apartados definitivamente de la circulación. Porque creo que no hay cura para el que disfruta cometiendo semejantes atrocidades. Y, como pongan otra vez los pies en la calle, existe grave riesgo de que vuelvan a las andadas. Porque algo dentro de esas cabezas no funciona bien. Y bastante piadosa es una sociedad, me parece, que a la pena de prisión permanente añade el término “revisable”. “Habría que hacerles lo mismo que hicieron”, “habría que castrarlos”, “habría que dejarlos en manos de las víctimas y sus familias”, “habría que colgarlos”. No. No creo que sea recomendable llegar a esos extremos. Pero sí, como medida de autoprotección social, apartarlos, llevarlos a un lugar en el que no puedan hacer más daño que a sí mismos. No es venganza, sino defensa. Y entonces te das de bruces con algo tan contradictorio como que haya condenados por delitos económicos cumpliendo penas más duras que las de los criminales sexuales. El dinero es sólo dinero. No está bien robarlo pero siempre se puede reponer. Por el contrario, la vida es irreemplazable. Y el inmenso y permanente sufrimiento de las víctimas de estos depredadores no se puede despachar con una temporadita a la sombra y unos cursos de reciclaje. 

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 17/5/2018


lunes, 21 de mayo de 2018

HOLGURA




Lo de hoy va de salud pública, principalmente ocular y mental. Lo mejor de Tierno Galván como Alcalde de Madrid en aquellos inquietos años de la Movida fueron, sin duda, sus bandos. Eran tan buenos que la gente se arremolinaba en la calle a leerlos. Recuerdo uno en particular, en el que, con un finísimo sentido del humor y excelente redacción, recomendaba a las féminas madrileñas, llegados los calores primaverales, cierta moderación en el vestir –o, mejor dicho, en el desvestir-, con el fin de evitar las distracciones de los conductores. Un bando impensable en los actuales tiempos de libertad vigilada. Bueno, pues yo quisiera hacer ver a la población que los leggins no sientan bien a todo el mundo. Es más, creo que deberían tener una limitación de tonelaje. Un culo de un metro cúbico está mejor, sobre todo para la sensibilidad ajena, cubierto con cierta holgura. Porque tenemos la calle repleta de morcillas andantes. Y, la verdad, no hace bonito. Lo mismo que las camisetas de licra, bien ceñidas al cuerpo. Pero hombre, que tenemos la barriga con dobladillo por debajo del ombligo, que llevamos todo el invierno sin mover nada más que la mandíbula y ahora me vienes con esa camiseta que te hace parecer un embutido pasado de fecha. Holgura, por favor y por respeto al prójimo. Porque, además, quieras o no, se te van los ojos hacia los tremendos traseros de unas y los panzones de los otros. Es como fijarte en un ojo bizco o una espinilla, que no hay manera de reprimirlo. Y ahí viene el daño ocular y, lo que es peor, la lesión cerebral. Son visiones que entran y no salen, que no se olvidan así como así, y que alteran la función cognitiva. Es un hecho que la población está gorda. Pero desengañémonos: esa ropa superapretada no nos hace más delgados. Al contrario, lo pone peor: además de gordos, feos, algo que convendría evitar. Las prendas ajustadas están pensadas para físicos normales y en forma. Si estás hecho un manatí, te sientan como un tiro. No es sólo cosa mía. Consulten con sus médicos y ya verán cómo les imponen dieta y ejercicio. Los leggins y las camisetas, para más adelante.  

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 20/5/2018

martes, 17 de abril de 2018

JUNTOS O SEPARADOS (I y II)



Alguien dijo que a Manuel Fraga le cabía el Estado en la cabeza. La mía, sin ser pequeña, no da para tanto, ni mucho menos. De ahí que no tenga la solución al problema catalán. Pero lo que parece evidente es que, por el actual camino, no mejoramos. Las posiciones están cada vez más enconadas, la tensión es insoportable y han desaparecido la hermandad, la cordialidad y el respeto. Por ambos lados. Vaya por delante que considero que el propósito independentista de una considerable parte del pueblo catalán es un monumental error. Existe una infinidad de motivos para la unidad, tanto históricos y culturales como meramente políticos y económicos. Y las supuestas señas identitarias palidecen ante el apabullante repertorio de lo que nos iguala. Creo que el futuro ha de escribirse a partir de la unión de las sociedades libres. Por ello, entiendo los nacionalismos europeos como miopes y trasnochadas respuestas al proyecto de un continente unido, abierto, libre y democrático. Pero, a pesar de mi postura contraria, me parece que no es menos razonable y, por supuesto, democrático, consultar a la sociedad o, en el caso de España, por su particular división, a las sociedades que lo integran. Porque un país debería ser lo que sus ciudadanos quieren que sea. Y si la mayoría de una o varias de nuestras autonomías es partidaria de la independencia, ¿por qué no habríamos de permitir el cumplimiento de sus deseos? Insisto en que me parecería un error, pero sería la decisión popular, que se supone adulta y responsable. Un referéndum a nivel nacional para expresar si queremos seguir siendo españoles o pasar a ser sólo asturianos, andaluces, vascos o canarios, además de un ejercicio democrático, aportaría una información valiosísima, una fotografía real de España sobre la base de la opinión de los que siempre deberían tener voz. Y si algunas partes del país se mostraran mayoritariamente favorables a la escisión, tampoco creo que hubiera que tomarlo como un drama. Si la voluntad del pueblo catalán, manifestada en una consulta legal, segura y pacífica, fuera la independencia, nadie debería interpretarla como una declaración de guerra o un acto de enemistad. Sería, sencillamente, la expresión de su aspiración como sociedad, acertada o errónea. 


Está claro que así no vamos bien. La irracionalidad, el criterio que brota de las tripas y la bilis constituyen la sustancia sobre la que se está tratando el conflicto catalán. Y creo que en demérito del Estado español, la única argumentación para rebatir el independentismo es de un irritante signo negativo. No, mal, prohibido, ilegal, anticonstitucional, catástrofe económica, fuga empresarial, ruina, exclusión de la UE, denuncias, prisión, aislamiento, etcétera. Desde España no se lanza ningún mensaje positivo, conciliador, constructivo, afectuoso, dirigido a la muy relevante parte de la sociedad que asimila con naturalidad la dualidad catalana y española. Siendo ese el sector prioritario a fidelizar, mala estrategia es saturar el discurso a favor de la unidad de amenazas y terribles augurios. Y con más motivo siendo conscientes de que la versión sobre las bondades nacionalistas lleva decenios calando el terreno en exclusiva. Dense cuenta de que España únicamente advierte de las dramáticas consecuencias, principalmente económicas, de la hipotética separación como si nada más hubiera en común con Cataluña. Ni lazos afectivos, ni orígenes compartidos, ni idiomas con los mismos apellidos. Sólo habla la España enfadada, amenazadora y negativa. Qué estrategia tan pobre. Es un error considerar que un catalán sólo está unido a España por cuestiones dinerarias. Un gran error. Porque si el concepto de España ha quedado reducido a un simple conjunto de relaciones económicas, cambiar de país sería como cambiar de banco. Así se sencillo. Así de frío y aséptico. Pues me temo que nuestros representantes no están sabiendo dirigir el mensaje correcto, positivo y favorable al “cliente” que puede inclinar la balanza. Pretender que el independentismo convencido reconsidere su postura a base de severas amonestaciones y advertencias de todo tipo de males futuros es una pérdida de tiempo. Ese barco ya zarpó hace muchos años. La llave la tienen otros: los que ven y oyen, los que asisten en silencio al actual disparate, a este peligroso enconamiento, los que se sienten heridos cada vez que alguien incendia una bandera española o escucha groseras expresiones de desprecio hacia Cataluña. Hay que devolver la humanidad a las relaciones humanas. Y España es, o debería ser, una gran comunidad de relaciones humanas. 

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 12 Y 16 de abril de 2018

martes, 10 de abril de 2018

DE LO NUESTRO



Cuatro amigos en torno a una mesa. Unos vinos y algo para picar. Y una larga conversación sobre nosotros, los pensamientos que nos rondan por la cabeza, las preocupaciones, las aspiraciones, los fracasos, los deseos realizados y por alcanzar, los sinsabores, las alegrías y los temores. Volaron los minutos entre confesiones, recuerdos y sentimientos. Por momentos, incluso asomaron algunas lágrimas en los ojos. Hablamos y hablamos. De lo nuestro y sólo de lo nuestro. De nadie más. No era tiempo de fulanitos y menganitas, de la que lo dejó con el marido, del que cierra el negocio, de esa que tanto presume, del que no paga ni al panadero. No era el día de hablar de los demás. Ni de criticar a nadie. Y una vez concluimos entre besos y abrazos volví a casa con una extraña pero cálida sensación. La de haber hablado. La de haber escuchado. La de haber participado en una conversación interesante. Sin mala leche ni chismorreos. Sin poner a nadie a parir. Sin meter las narices en las vidas ajenas. Sin miradas de reojo. No es fácil que suceda algo así. Porque parece que, en general, nos alimentamos destripando a otros. Casi cualquier charla acaba derivando hacia las existencias de personas que, objetivamente, no deberían ocuparnos de esa manera. Qué nos importa lo que hagan éstos o aquéllos. Qué vacías son nuestras vidas si hemos de llenarlas fisgando por la ventana, poniendo la antena y rajando sin miramientos al primero que se nos ponga delante. Si tienes un chaval que es un zángano de tres pares de napias, mal vas si hallas consuelo criticando a los vecinos del segundo interior. Y si no te puedes permitir un coche como el de ese compañero de trabajo, no será más accesible por mucho que hables mal de él por ahí. Que si una engordó, que si el otro sale o entra, que si dicen que se muere, que si compran pero no pagan, que si se comenta, que si está en boca de la gente. ¿Por qué resulta tan difícil que, entre nosotros, tratemos sólo de lo nuestro? ¿No nos cansamos de cotillear? ¿Será posible vivir sin despellejar a nadie? Pues parece que no, por desgracia. 

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 5/4/2018