jueves, 15 de septiembre de 2016

HORA DE RADICALIZARSE



Igual es el signo de los tiempos y el que no se radicaliza se queda fuera de juego. Hasta ahora yo sólo tenía dos principios radicales: la libertad y la tortilla de patata sin cebolla. Pero no parecen suficientes o no me los tomo a la tremenda, esto es, no me enfrento al que por decisión propia renuncia a su libertad ni persigo cimitarra en mano a quienes elaboran y consumen tortilla cebollera. Porque actualmente, además de ser pro, hay que ser anti. Incluso está bien visto ser anti sin ser pro. Anticatólico, antiespañol, antimadridista, antieuropeo, antisemita, anticapitalista, antisistema... A lo mejor ha llegado el momento de abandonar la moderación y el espíritu conciliador para convertirse en anti y abrazar el radicalismo. Quizá haya que comenzar a sacar a patadas en el culo a los que acceden a las iglesias con ánimo de ofender a los creyentes. Quizá convenga empezar a quemar las banderas y ultrajar los símbolos de quienes queman y ultrajan los nuestros. Quizá debamos defendernos con algo más de ímpetu de quienes atacan nuestros valores, credo, historia, cultura, libertades..., de los que no tienen reparo en mancillar un crucifijo pero evitan aproximarse a los templos desde los que se llama a la negación de la mujer como ser humano completo, a la destrucción de Occidente, de la democracia, de la libertad. Quizá se haya agotado la vía de la resignación y la solución de poner la otra mejilla no sea efectiva. Quizá degollar sacerdotes, apuñalar policías, asesinar a machetazos a los pasajeros de un tren merezcan reacciones sociales mucho más contundentes que lágrimas y flores. Quizá haya que radicalizarse también y actuar en consecuencia. Y poner las peras al cuarto a los ladrones que gritan que España les roba. Y hacer que no duerman tranquilos los que se ciscan en los símbolos que nos representan y las imágenes que consideramos sagradas. Y hacer infernal la existencia de los violadores, los que queman el monte, maltratan a humanos y animales, quiebran nuestro descanso, destrozan lo que es de todos... Quizá la contención sea inútil y resulte procedente, y hasta recomendable, experimentar el placer y el desahogo de descargar el odio y el rencor sobre nuestros agresores. 

LA NUEVA ESPAÑA de las Cuencas 17/8/2016

PREJUICIOS



Te pones en la cola para embarcar y entonces te percatas de que delante hay un fulano barbudo de inequívocos rasgos árabes. Y está solo, sin familia. Un calambrazo de miedo te recorre la columna vertebral y tienes que contenerte para no exigir a gritos que le vuelvan a registrar a fondo. Porque si fuera por mi, lo reviso hasta del revés. Como, supongo, pensará la mayoría del pasaje, a pesar de que todo el mundo disimula, la visión del barbudo produce un canguelo considerable. Y el hombre seguramente será un santo varón, amante esposo, padre bondadoso, buen vecino y abnegado trabajador. Pero tal como se ha puesto la vida, tampoco parece extraño que a uno le de cierto reparo compartir avión con un tipo así. Y me paso las dos horitas de vuelo vigilándolo de reojo, controlando sus movimientos. E imaginen mi inquietud, como supongo la del resto del pasaje, cuando el elemento se levanta para ir al servicio. De modo reflejo me suelto el cinturón de seguridad. “Verás” –pienso. “Ahora es cuando tienes que lanzarte sobre este pollo y placarlo para que no tire de la anilla. Y que salga el sol por Antequera”. Porque, llegado el caso, me niego a morir suplicando piedad a un zumbado iluminado. Si hay que abandonar este mundo, que sea por la puerta grande y luchando, no como un conejo asustado. El árabe vuelve a su asiento y poco después se duerme. Y no despierta hasta minutos antes de aterrizar. Y, a pesar de no haber hecho absolutamente nada, me alivia abandonar el aeropuerto y perderlo de vista. 
Prejuicio. Si, prejuicio puro y duro. Pero comprensible viendo lo que se ve, con cientos de miles de maníacos sueltos por ahí, con unas ganas locas de hacernos saltar por los aires. Por infieles. Por bailar, cantar, jugar al fútbol, tener un perro, escuchar música. Por no creer o hacerlo erróneamente. Por ser homosexual o sospechoso de serlo. Casi por cualquier motivo. 
El asunto es serio. Nos registran para entrar en una catedral. La zona está tomada por el ejército. Fusiles cargados y miradas recelosas. Esto no es vida. 

LA NUEVA ESPAÑA de las Cuencas 15/8/2016

EL MÓVIL



Ella se pasa la servilleta delicadamente sobre los labios y se pone en pie despacio y con gracia, con movimientos estudiados y sugerentes, sin desviar la mirada del chico sentado frente a ella. Él la observa embelesado, hipnotizado, atrapado por la belleza de su amada. Ella se aleja con un contoneo pizpireto sin perder de vista los ojos del muchacho, que la sigue sin parpadear. Segundo y medio después, cuando ella sale de la escena, él se precipita sobre el teléfono móvil que reposa junto a la taza de café. Y comienza a manipularlo compulsivamente, con movimientos de los dedos casi eléctricos. Entra y sale de facebook, twitter, instagram, wasap; chatea a ritmo vertiginoso, se hace un selfie y lo envía. Ella retorna y él devuelve el móvil a su posición inicial, junto a la taza de café. Sólo tiene ojos para su chica, aunque no puede evitar que la atención se desvíe furtivamente hacia la pantalla del artilugio.
En el parque Sempione veo decenas de chicos que no levantan los ojos del móvil. Al cabo de un rato de observar tan extraño comportamiento caigo en la cuenta. Están cazando los pokémon.
El otro día, una conocida me confesó que si le robaran el móvil sería como si le robaran la vida. Así de grave. Porque su vida, o lo más importante de ella, está contenida en el móvil.
Qué invento tan útil y qué estado de dependencia tan preocupante hemos desarrollado. Si te quedas sin batería, si no hay cobertura, si no va la wifi, si se cae twitter, si no puedes mandar ni recibir wasaps, motivos todos de honda preocupación, reveses vitales del calibre de una enfermedad de gravedad media. Y como el problema sea la avería o defunción del terminal, eso ya son palabras mayores, un trance existencial de lo más duro que se puede sufrir. 
Escribo estas líneas punteando sobre el teclado del móvil, para que no se me olvide que acabo de ver a una chica rezando en una iglesia al tiempo que chateaba. Igual era con Él. Por si me falla la memoria, lo guardo en el móvil. 

LA NUEVA ESPAÑA de las Cuencas 11/8/2016


CAZAR POKEMON




Y con el mundo convertido en un avispero, ahora tenemos las calles llenas de millones de cazadores de Pokemon. Debe de ser que no hay otra cosa que hacer. Resignación y a perder el tiempo. Para qué va uno a estudiar, leer, visitar museos, asistir a conferencias o buscar un empleo pudiendo echar estos días de verano cazando bichitos virtuales. Podrían recoger basura, ayudar a ancianos, cuidar perros abandonados, distribuir ropa usada entre los necesitados, miles de actividades útiles. Pero no. Cazan Pokemon. Supongo que para los que quieren acabar con nuestra civilización debemos de ser la representación de la estupidez. Más fácil no se lo podemos poner. Cazamos Pokemon. Cuando piensas que ya no podemos ser más tontos, vamos y nos superamos. Porque, no se crean, que semejante chorrada se convertirá en el modus vivendi de unos cuantos millones. Como cuando la fiebre del tamagochi, que la gente mimaba un aparatejo en vez de a los abuelos o a un gato sin hogar. Anda que… Y se estresarán, deprimirán y obsesionarán por culpa de la tremenda tarea de cazar Pokemon, que les ocupará todas las horas del día. Y requerirán terapia para intentar superar la desilusión de no triunfar en el jueguecillo de marras. Imaginen que todos esos miles de individuos que días atrás se reunieron en la Puerta del Sol lo hubieran hecho con la intención de promover algo útil. Pero no; se citaron allí para cazar Pokemon. Vaya tela. Y gente ya crecida, talluditos, igual que niños pequeños. Obviamente, tenemos un problema. Y digo que tenemos porque este estado de tontuna generalizada nos afecta a todos. Menos mal que cada vez que mi fe en el ser humano se tambalea surge alguna acción que me reconcilia con la especie. Y es que, a raíz de la bobada Pokemon, en Cádiz han inventado la cacería de Croquemon, esto es, la busca y captura de las mejores croquetas gaditanas. Eso es otra cosa. Aquí sí que hay fundamento. Pues no va casi nada de un bichejo informático japonés a una hermosa croqueta. El ser humano, cuando se lo propone, es insuperable. 

LA NUEVA ESPAÑA de las Cuencas 3/8/2016

CÓMO ESTÁ EL PATIO



Y no es decir por decir, por ir por la vida de pájaro de mal agüero. Fíjense en el futuro que se nos avecina: mundo libre va a ser liderado por Donald Trump o Hillary Clinton. Del primero ya se ha dicho todo y nada bueno. La segunda, ay la segunda, qué historial de trampas, cuántos cadáveres en los armarios, qué impresentable. Y, aún con todo, parece ser la opción menos mala. En Francia, Hollande está completamente superado por los acontecimientos, en una presidencia que no es que le quede grande sino enorme. Qué momento histórico tan inoportuno para tener al frente de los galos al menos apropiado. En Alemania, Merkel ha tomado unas decisiones que ya en la lejanía se veían disparatadas, suicidas. Y ahora comienzan a asomar las consecuencias. Además, su supuesta solidez económica no es tal y fundamentales entidades financieras germanas están muy tocadas. Y por más que se pretenda disimular, el problema asoma. A los británicos les ha dado una ventolera de la que ahora parecen arrepentirse. Nosotros estamos como estamos, o sea, sin estar, en nuestra particular burbuja política que nos lleva a descuidar todo lo demás. Bélgica tiene un problemón de lenguas, razas y credos de no te menees. Italia permanece en su “tente mientras cobro” y venga a sacar gente del mar. Grecia, mejor ni la mentamos. Turquía camina decididamente hacia la radicalidad islamista, una infección que también se extiende por África. Las potencias emergentes han dejado de emerger y, como en el caso de Brasil, vuelven a caer víctimas de sí mismas. Y lo más aterrador: la única figura política que está aportando algo de firmeza y determinación ante las amenazas que se nos vienen encima es Vladimir Putin. Vaya cómo tenemos el patio para que este pájaro se haya convertido en un referente. 
Por eso les digo que, en estas condiciones de debilidad, somos presas fáciles. Continuamos desenfocados, envueltos en discusiones intestinas, que me voy o que me quedo, que si juntitos pero poco, a merced de unos enemigos a los que ya hemos mostrado nuestros puntos flacos. Y como la ley de Murphy es inexorable, no hay más que esperar a que los americanos elijan la peor de sus pésimas opciones. 

LA NUEVA ESPAÑA de las Cuencas 28/7/2016

miércoles, 14 de septiembre de 2016

COMIENZO DEL FIN



Estamos en regresión. Es un hecho, el síntoma más evidente de que Occidente se está debilitando tanto que acabará cayendo más pronto que tarde. Como ya sucediera con otros imperios. El dominio y la superioridad llevan al relajo, a la búsqueda del confort por encima de todo, a la renuncia a cualquier tipo de esfuerzo. Un perro gordo deja de proteger la valla por la que se está colando el enemigo que nos va a echar abajo, aliado con la quinta columna que ya habita entre nosotros.
Hemos perdido los valores morales, nos da igual casi todo con tal de que no nos falten las comodidades. El arte ya no es arte; el declive cultural es evidente; educativamente hemos caído en un pozo; no triunfan los referentes fundamentados en el trabajo, el esfuerzo, la tenacidad; casi nadie está dispuesto a ayudar, a hacer algo por el prójimo. Días atrás recorrí “la calle’l viciu” siguiendo a un grupo de chavales, escuchando sus conversaciones, observando sus modales, su forma de caminar, de vestir, de relacionarse. Fue la visión del retorno al australopiteco, pero con un móvil en la mano. Es más que posible que estemos asistiendo al comienzo del fin de este imperio con sobrepeso. Los que están fuera tienen mucha hambre atrasada y, algunos, muy malas intenciones. Y nosotros ya no estamos en condiciones de defendernos. Qué pereza. Y, además de por las causas propias del bienestar económico, ahora comenzamos a morir como corderos en una playa, en una iglesia, en un tren, en una discoteca, en un centro comercial. Desprevenidos, desarmados, incapaces de reaccionar ni de protegernos. 
A pesar de las advertencias, de los indicios y de todo lo que ya sabíamos, consentimos que buena parte del ejército invasor se instalara en el sótano de nuestra confortable casa. ¿Que no se integran? Pues que no lo hagan. ¿Que no asimilan nuestros valores de libertad y tolerancia? Bueno, pues qué le vamos a hacer. ¿Que nuestras leyes no son las suyas? Cosas de la diversidad. Y mirad ahora el lío que tenemos dentro. “Utilizaremos vuestra democracia para acabar con vuestra democracia” decía aquella inquietante pancarta. Y lleva camino de ser cierto mientras el perro gordo sigue dormitando. 

LA NUEVA ESPAÑA de las Cuencas 27/7/2016

PATAS ARRIBA




Madre mía, qué espanto. El primer cuarto de hora del telediario es una secuencia ininterrumpida de atrocidades. Matanzas, explosiones, incendios, bombardeos, asesinatos... Un horror tras otro. El ser humano, la cumbre de la creación, ha logrado tener el planeta Tierra patas arriba. Vamos camino de convertirlo en un lugar invivible. Donde no nos estamos matando destruimos toda belleza, el patrimonio natural, transformamos los mares en pozos negros y la atmósfera en el filtro de la campana extractora. Y nos seguimos asesinando por religión, política, raza, género y, sobre todo, dinero. Los astronautas dicen que la visión de este planeta desde el espacio es lo más hermoso que se puede contemplar. Aquí abajo las cosas se ven de otro modo. Es desolador asistir a la tenaz determinación de hacer nuestra existencia insufrible. Lo se, la inmensa mayoría de humanos tan solo quiere vivir pacífica y razonablemente bien. Pero no nos dejan. Y nos embarcan en guerras, experimentan con nosotros y somos los que pagamos los platos rotos. La mansa mayoría está en manos de unos pocos, porque comparativamente son pocos, que concentran toda la potencia del mal. Y, eso sí, el mal es muy potente.  Mueren cientos de miles de niños a causa del hambre, las enfermedades, las bombas, las balas de fusil. Hombres y mujeres inocentes tratados como mercancía, vidas a las que se arrebata su valor. En un mercado de Bagdad, en una discoteca de París, en un poblado sudanés, en un bosque español, en una patera en el Mediterráneo, en un colegio norteamericano... Destrucción y más destrucción. Lo siento, pero este telediario en el que nada más que se exhibe lo peor de la condición humana me ha provocado una profunda tristeza. Y desánimo. Mucho desánimo. Vamos camino de dejarle a la próxima generación un legado catastrófico, un mundo irrespirable, un lugar al que es mejor no llegar. Tanta técnica, tanta ciencia, tanto aparataje, tantos ceros y unos para qué. Para morir por las mismas causas que hace quinientos años. Por fanatismo, por codicia, por intransigencia. No hemos aprendido nada en este largo viaje. Buf, lo voy a dejar por hoy. Ese maldito telediario me ha hecho daño.  

LA NUEVA ESPAÑA de las Cuencas 26/7/2016