martes, 3 de junio de 2014

SENTIDOS OPUESTOS



¿Se dan cuenta de que en épocas de crisis en los países, digamos, más sociales, emerge la ultraderecha y que en los menos sociales crece la ultraizquierda?
Holanda y Francia son ejemplos de estados que ayudan a la ciudadanía. Si tienes hijos, si eres anciano, si quieres estudiar... te echan una mano, pues allá se entiende que este tipo de ayudas son tan buenas para ti como para el país. Además, se trata de sociedades que no están atadas a la propiedad, en las que la gente puede vivir de alquiler en vez de colgarse del cuello la enorme piedra de las hipotecas. Y no son países que estén padeciendo la presión de la inmigración como nos ocurre a nosotros. Entonces, curiosamente, cuando la situación general pinta mal, basculan hacia la derecha radical y xenófoba.
Por el contrario, en España, donde el apoyo a la población es una rareza, un estado que impulsa la propiedad como modo casi exclusivo de vida –algo que el español tiene interiorizado de manera enfermiza; lo primero, comprar un piso-, lo que nos condena de por vida a arrastrar la hipoteca, y que convive con la tremenda presión de la inmigración, asciende la izquierda más a la izquierda, contraria a la propiedad privada como sacrosanto principio y partidaria de que el flujo migratorio sea libre.
O sea, que los que viven en sociedades teóricamente más evolucionadas, en cuanto a la organización general y al respaldo que el estado proporciona al individuo, se inclinan por la opción más reaccionaria, mientras que los que siempre practicamos eso del “sálvese quien pueda” y que “ lo mío es mío y de nadie más”, derivamos hacia el socialismo real. Los inquilinos giran a la derecha y los propietarios, a la izquierda.
Es algo que ha sucedido también en Dinamarca, Austria, Suecia..., países tan bien desarrollados, de organización solidaria y conciencia colectiva auténticamente social, que cuando ven peligrar su modelo votan a lo menos social y solidario para que los defienda. Paradojas de la vida.

Y, sin embargo, aquí afortunadamente la ultraderecha xenófoba no logra representación, a pesar de que las condiciones para que el caldo de cultivo prospere existen. Somos así de peculiares: nos volvemos a inclinar hacia la izquierda, sí, pero con título de propiedad.

Publicado en LNE de Las Cuencas el 2/6/2014

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