jueves, 30 de enero de 2020

¿QUÉ ESTAMOS HACIENDO?




Se nos agotaron las reservas de las lentejas que solemos adquirir en Saldaña y hubo que recurrir al supermercado. ¿Cuáles? Pues éstas, las de una marca de inequívoca asturianía. Todo por la patria. Ya en la cocina, me dio por leer el texto impreso en el paquete. Horreur. Mi patriotismo por el sumidero. Esa marca de nombre tan asturiano tiene su sede en León. Bueno, tampoco es para tanto. Hay una historia común nada despreciable. Además, si se trata de lentejas, las del campo leonés son excelentes. Entonces cometí el error de seguir leyendo. Orígen EEUU. ¿Cómo? ¿Acabo de comprar lentejas norteamericanas? Pues parece que sí. La señora del traje regional del envase no es más que un reclamo. 
¿Qué estamos haciendo? ¿Cómo pretendemos frenar la despoblación de la España interior si ni siquiera explotamos sus propiedades agrícolas? 
Arrebatado, fui a la despensa a hacer más comprobaciones. Las legumbres proceden de América, tanto del Norte como del Sur. Los espárragos son chinos. Los guisantes, bolivianos. No tenemos prácticamente nada producido en España. Insisto, ¿qué estamos haciendo? ¿Hemos renunciado a aprovechar las bondades de una tierra que siempre se mostró generosa? Qué error tan grande. El sector primario de la economía es la base que sustenta lo demás. Porque, por mucho que se desarrolle la humanidad, seguimos necesitando comer. Además, dejar de cultivar nuestros campos significa hacernos dependientes de los alimentos producidos por otros, lo cual no deja de ser un peligro cuando vienen mal dadas. ¿Qué hacemos con todo ese espacio que hay entre una ciudad y otra, eso que antiguamente se conocía como “el campo”? ¿Nada? ¿Dejamos que se vacíe?
De seguir así, los españoles acabaremos apiñados en unas cuantas poblaciones y consumiendo sólo lo que viene del extranjero. No parece muy conveniente.
Fíjense: hemos conseguido que casi nadie quiera ser agricultor o ganadero. Ya prácticamente no quedan pastores ni vaqueros. Donde antes hubo vida, familia, actividad y economía hoy sólo queda una historia que se va difuminando. Eso sí, tenemos miles de universitarios urbanitas malviviendo como reponedores, teleoperadores, repartidores… ¿Qué estamos haciendo?

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 30/1/2020



miércoles, 29 de enero de 2020

PREOCUPACIONES



No tenemos un solo día tranquilo. Ahora la amenaza viene de China. Una vez más. Gripes, pestes, avispones…qué cantidad de males desagradables nos llegan del gigante asiático a pesar de estar tan lejos. Arrancando el 2020 la cosa va de un virus espantoso que hace estragos allí y que ya ha logrado saltar sus fronteras. Que tengamos ministros que mienten más que hablan, que nuestro presidente actúe como aseguró que jamás haría, cuando la oposición conservadora pelea por el espacio más extremo, cualquiera de nuestras estupideces domésticas pierde toda importancia ante la posibilidad de que un puñetero virus chino nos envíe lejos de este valle de lágrimas. 
Aquí discutiendo por el pin parental, los encuentros furtivos del Ministro de Transportes y la colección de majaderías que nuestra clase dirigente nos regala cada día, y resulta que tenemos por ahí sueltos unos microbios cabrones capaces de mandarnos al otro barrio. Y el asunto ha de ser serio cuando las autoridades chinas mantienen confinada a más población que la española. 
Maldita sea, ¿no vamos a tener ni una mañana apacible? Es conectar el transistor, encender la televisión, asomarte a internet u ojear las páginas del periódico y caérsete el alma a los pies. No nos conceden un momento de respiro. Y yo preocupado por no contraer nuestra típica gripe estacional, cada vez más fastidiosa, por cierto. Es que, aunque algunos no lo entiendan, no poder trabajar durante unos días me genera un trastorno considerable. Que se lo pregunten a cualquier autónomo, ¿verdad? 
¿Qué más da la independencia de Cataluña si, tal como pinta el panorama, se la va a acabar merendando el mar Mediterráneo? Con lo que fardaba tener un chalet en primera linea de costa, bueno, en fin, ¿quién duerme ahora tranquilo sabiendo que no tardará en llegar la ola que te entre por la ventana del salón? Ya saben por qué Puigdemont se fugó tierra adentro. Para que no le pille la crecida. El sabe de qué preocuparse. Y los demás deberíamos tomar nota.

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 29/1/2020

jueves, 23 de enero de 2020

EN PAZ



“La vida sería maravillosa si nos dejaran en paz” dice la chica de los sartenazos en “El gran dictador” en un momento de tregua en el gueto judío. Y hay que ver qué deseo más complicado de lograr. De hecho, me parece imposible. Desde que arrancas cada día el mundo se confabula para no permitirte ir a tu aire. Dejando a un lado las relaciones personales y familiares, la realidad que hemos creado con tanto empeño tiene como objetivo prioritario tocarnos las narices constantemente. Y, en consecuencia, nos amarga una existencia que podría ser mucho más llevadera. La construcción social está diseñada para complicarnos innecesariamente la vida e impedirnos ser y sentirnos verdaderamente libres y dueños de nuestros destinos. ¿Organizarse para mejorar? Qué va. Es para controlar, limitar e intervenir cada vez más.
El mundo está hecho un desastre precisamente por esa obsesión de no dejarnos en paz. Paz: qué palabra tan bella y maltratada. Vecinos contra vecinos, familias contra familias, países contra países, todo determinado para no poder vivir en paz. 
El género, la raza, el color, la orientación sexual, los gustos y deseos, las aspiraciones, la nacionalidad, la regionalidad, el domicilio, la apariencia, la familia, la ideología, la salud, el origen, la economía, la fe, las afinidades… Nos metemos en todo y con todo, cuestionamos y somos cuestionados permanentemente, por los propios y, lo más fastidioso, por los ajenos. Siempre he llevado muy mal que alguien que no me conoce en absoluto pretenda imponerme qué y cómo pensar, decir, sentir, ver, escuchar, leer, creer o elegir.
¿A qué aspira la gente de buena voluntad? Pues, principalmente, a vivir en paz y, por supuesto, no sufrir más problemas que los ordinarios de una existencia normal. Pues no hay manera, y desde fuera, sin que sean necesarios los motivos, sin que uno tenga la menor responsabilidad y muy apartados de la sensatez, nos invaden para poner nuestras vida patas arriba.
Dejémonos en paz. Déjennos en paz. Es la base necesaria para una vida mejor, que es posible pero que nos empecinamos en negarnos.

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 23/1/2020

CIEN DÍAS




Una nueva decepción en la tertulia del contenedor. Ninguno de nosotros fue seleccionado para encabezar un ministerio. Y eso que había muchas más probabilidades que de que nos toque la lotería. Ni por esas. Tenemos un par de afiliados del PSOE, otro de IU y una de Podemos que ya se veían haciendo las maletas y camino del despacho oficial, con sus respectivas parejas, por supuesto. Porque la nueva política se lleva a pares, como hacen los norteamericanos con su presidencia. Así, tenemos un consejo de ministros multitudinario y la mar de familiar. Y el que no halla asiento a esa mesa para su media naranja puede arreglarlo con otro cargo de relumbrón. Pero nos dejaron a todos fuera. Qué desilusión.
Anoche aprobamos por los pelos respetar la tradición de los cien días de tregua. Voxianos, peperos y cuidadines no están por la labor. Va a ser complicado sujetarlos durante tres meses. De hecho, ya están inflamados al máximo, y eso que el numeroso gobierno de coalición acaba de empezar. O se calman o no llegan a la meta. También es cierto que el palacio de La Moncloa ha arrancado pisando unos cuantos charcos sin pararse a comprobar cuánto cubren. Ayer una embarazada me consultó cuándo se produce la transmisión de la propiedad de su hijo a la ministra Celáa. Por ahora, mientras se mantenga en el seno materno, siguiendo el principio de “Nosotras parimos, nosotras decidimos”, la titularidad parece corresponder en exclusiva a la mujer, que hasta puede decidir que viva o no. Pero una vez acontecido el parto, la cosa ya no está tan clara. Pero la responsable de educación de este Gobierno lo explicará, sin duda, con la habilidad que la caracteriza.
Todavía quedamos unos pocos románticos que consideramos que la cortesía no debe perderse. Y los cien días eran una costumbre bonita y sensata. Porque antes de lanzarse a cuchillo es recomendable dar tiempo al nuevo ejecutivo para que inicie su andadura de aciertos y equivocaciones. Esto no significa mantenerse en silencio, pero sí aplazar la oposición furibunda unos cuantos días. 

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 22/1/2020

EL MALDITO RADAR



Tenemos al vocal de movilidad hecho un basilisco desde que se enteró por LA NUEVA ESPAÑA (por dónde si no) de las ilegalidades del radar colocado a la salida del túnel de La Bolgachina. Como no le devuelvan, con intereses, el dineral que lleva pagado en multas y el saco de puntos perdidos en ese tramo, está dispuesto a demandar a Tráfico, a la Benemérita, a la demarcación de carreteras, al Arzobispo de Oviedo y hasta a la OTAN. Cada vez que pasaba por allí, zas, foto al canto. Y ahora resulta que el puñetero radar no está donde dice que está y retrata más allá del trecho con la velocidad limitada. Qué cabrito. En la tertulia intentamos hacerle ver que por debajo de 90 km/h no había riesgo de sanción pero desistimos, pues se niega a circular a una velocidad tan ridícula en pleno siglo XXI. “Ni en la cochera aparco a menos de 90”, nos espetó, por lo que lo dejamos por imposible.
Bueno, pues ahora se le están abriendo las puertas del cielo y cabe la posibilidad de que recupere el capital que fue dejándose en ese punto kilométrico. De hecho, en casa tiene una lata de galletas repleta de notificaciones de Tráfico aguardando la hora de tomarse su cumplida venganza. Y parece que ese tiempo se aproxima. Del mogollón de multas mal impuestas, dos terceras partes corresponden a nuestro vocal, al que las idas y venidas a los polígonos de las afueras de Oviedo le salen a precio de oro.
Pero lo peor de todo, sin duda, es el daño moral ocasionado por el trapacero detector. No en vano, cada carta certificada le costó a nuestro vocal un par de noches de expulsión del lecho matrimonial. Y han sido muchas cartas. Muchísimas. Exactamente la mitad que las noches acurrucado en el sofá. Pero ahora, gracias a la revelación de las trampas del maldito radar, pretende darse el gustazo de la revancha. Que se sepa, la mujer ya pidió asilo a casa de su madre.

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 21/1/2020

CALOR EN ENERO



Según puse el pie en la calle en dirección a Ujo percibí que me sobraba el plumífero. Y la sudadera. Y hasta la camiseta. A punto de arrancar la tercera semana de enero debería haber salido en bañador y chanclas. Qué calor. Y en la radio alertan de tempestades de nieve en Levante. Tiene gracia el tema: puede nevar en Cullera y en Mieres, tiempo mejor que en primavera. 
Así es que los asturianos cada vez nos parecemos más a los peces tropicales. Por debajo de 15 grados la gente se lamenta del frío que hace. En qué quedaron los aguerridos astures que expulsaron a pedradas al moro. Esos sí que resistían lo que les echaran. Los sucesores somos unos blandengues.
¿Qué más da que las instalaciones de la estación de esquí de Pajares estén hechas una mierda? Con este calor, o lo forramos todo con espuma de afeitar o malamente. Dicen que el problema es que no está bien orientada. Pero, digo yo, eso viene sucediendo desde su creación, a no ser que, como resultado del vaticinio de Guerra –“A este país no lo va a conocer ni la madre que lo parió“- Valgrande quedase mirando para el lado por donde entra en aire calentorro. Es más probable que, a fuerza de agujerear la base de la montaña para que circulen los trenes que no circulan, el pico esté perdiendo altura. Quién sabe; igual te plantas allí y el altímetro no sube de medio kilómetro. Como para que nieve.
El clima ha cambiado, es incuestionable. Ahora que llevamos nuestros coches con unos estupendos neumáticos de invierno que dejan las cadenas en una anécdota del pasado, ver caer un copo de nieve sobre nuestras calles es algo extraordinario que, además, nos lleva al caos. Por falta de costumbre, claro. Dónde quedaron los canalones congelados y la pala y las botas a la puerta de casa para poder abrirse camino. Hoy llevo encima un montón de ropa porque es enero, y el cerebro recuerda que en enero hay que abrigarse. Este mediodía desde luego que no. Mañana, según dicen en la tele, hará frío. Como en invierno.

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 20/1/2020

EPIDEMIA




La tertulia del contenedor hace un llamamiento a la población: si bien es cierto que la generosidad es una virtud, el ánimo de compartir la gripe es un exceso indeseable. De hecho, nos hemos visto obligados a prohibir la asistencia a las reuniones a todos aquellos miembros que presenten síntomas, por leves que sean, de proceso gripal. Porque, siendo como somos los asturianos, incapaces de estarnos quietecitos en casa, no es de extrañar que nuestro territorio sea actualmente un concentrado de virus que campan libremente. 
En el centro de salud, rodeado de mocosos y tososos, no vi a nadie cubriéndose con una mascarilla ni utilizando los geles desinfectantes para las manos. En los bares no faltan los que se lamentan del gripazo que les afecta. En el supermercado abunda la clientela que estornuda en el mostrador de las frutas y tose sobre el pescado.
A ver, repasemos los conceptos básicos: si usted está enfermo, a no ser que sea estrictamente necesario, evite esparcir sus virus y, en consecuencia, sobre todo en los primeros días, cuando hay más probabilidades de contagio, evite el contacto con la humanidad. No es el momento de visitar a la familia, quedar a cenar con la pandilla, ir al cine y demás actividades públicas. No le va a suceder nada grave por dejar de ir al bar unos cuantos días. Y seguro que en la despensa y la nevera hay suficientes alimentos para resistir tres o cuatro días. No se preocupe: sobrevivirá.
¿Por qué no aprendemos algo de los japoneses? A la que se acatarran, mascarilla al canto y a reducir en lo posible el riesgo de contagio. Ponerse una mascarilla no es algo tan feo. La gente lleva piercings espantosos, tatuajes para llorar, unos pelos que válgame el cielo, los pantalones hechos jirones, ¿y va a darnos vergüenza la mascarilla? Vamos hombre, por favor.
La gripe vuelve cada año por Navidad, como el turrón, pero debido en buena medida a nuestra estupidez permanece y se extiende hasta Carnaval. 
A ver, usted, congestionado, mocoso, febril, con los ojos llorosos, ¿adónde va? Quédese en casa y no fastidie. 

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 14/1/2020