martes, 20 de junio de 2017

AQUELLA MUJER




Falleció hace un mes y no lo he sabido hasta ahora. Un lástima, porque me habría gustado despedirme de ella. Menuda, enjuta y mal encarada como ella sola. Ni un gesto amable. Ni un ápice de ternura. No hablaba: lanzaba dardos cargados de veneno. Y una cabeza como el hormigón. Y desconfiada a más no poder. No era pobre pero vivió como si lo fuera. Y de solemnidad. Costó Dios y ayuda convencerla para que comprara una nevera y una cocina moderna. Y murió protestando, porque con la de carbón se manejaba mejor. O eso decía. No hubo forma de que cambiara el colchón. Qué digo colchón: aquel jergón lleno de bultos. Que no y que no. Me dicen que allí respiró por última vez. En su casa vieja y húmeda. El único mundo que conocía y en el que quiso permanecer hasta el final. Porque de salir de allí hacia lugares más cómodos, sanos y descansados, ni hablar del peluquín. Hace años entré en la vida de aquella mujer recelosa y desagradable y, cosas de la vida, conectamos. Recuerdo su mirada la primera vez que nos encontramos. Aquellos ojos decían “no me fío de ti ni un pelo”. Después hubo más visitas, más trasiego de papeles, más gestiones. Y un día me di cuenta de que aquella pequeña y extraña mujer sólo confiaba en mí. No se cómo, pero adiviné la combinación que abría la puerta de aquella cabeza dura como un adoquín. Y, a su manera, en algunos momentos incluso intentó ser amable, algo que no conseguía por una simple cuestión de práctica: no sabía serlo, nunca lo había sido y el resultado de sus esfuerzos era desconcertante y un tanto cómico.
Me estoy viendo a la puerta de su casa, con el maletín cargado de documentos y ella, tras los borrosos cristales de la cocina, esbozando algo parecido a una sonrisa y un gesto de despedida. Recuerdo que subí al coche y me sentí feliz. Feliz y cargado de responsabilidad. Por nada del mundo podía defraudar a aquella mujer flaca, encorvada y de lengua afilada como un cuchillo japonés. Creo que no lo hice. La echaré de menos. 

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 20/6/2017

miércoles, 14 de junio de 2017

DUELO EN EL CHIGRE



Casi como en el oeste americano. A un lado, un tipo pequeñaco, flaco y con un bigotón que le ocupa medio rostro. Al otro, un fulano grandón, barrigudo y desgarbado con un volumen de voz que nunca baja de los 90 decibelios. Si condenaron a Messi, fue porque en Madrid le tienen manía. Por ladrón, querrás decir. ¿Ladrón? El tuyo sí que es un caco pistonudo. ¿Quién ye el mío? No te hagas el bobo: Cristiano. Con lo que debe a Hacienda se garantizaban las pensiones hasta el siglo XXII. Y si Benzemá pagara todas las multas de tráfico, cancelábamos la deuda externa. Al mío, como dices tú, no lo condenó ningún juez. Ni lo condenarán, porque estando Florentino por medio… Porque si a Messi, que es un chaval de lo mejor, le cayeron dos años, al Cristiano tendrían que echarle dos cadenas perpetuas. Una por chorizo y otra por faltoso. La pena es que Messi no va a pisar la cárcel. Claro, para que ganéis la Liga sin bajaros de los ferraris. No caerá esa breva. Pero, vamos, que si Cristiano evadió 15 kilos ya debería estar preso. Por mucho menos mira qué mala vida le están dando al pobre José Ángel. Otro que no pisa la trena. Otro que no sabía nada. Lo mismo que Messi, que lo de la pasta lo llevaba su papá. Y lo de la Infanta, el Urdanga. No te joroba, y lo de Villa es una herencia. Pues vosotros con Cristiano en la cárcel de qué ibais a ganar la Champions. Otro robo, como las cinco de Franco. Fueron seis. Fueron todas, imperialistas. Que vienen a ser siete más que vosotros, catalufos. ¡Tot el camp! Tots al trullo, querrás decir. Porque con el follón de Neymar, alguno más va para allá. Centralistas tramposos. Separatistas gorrones. ¿De qué discutís? De Messi y sus antecedentes penales. Pues anda que Cristiano va a la zaga. Bueno, y de José Ángel y su memoria quebradiza. ¿Y qué os han dado a ganar Messi y Cristiano? (silencio sepulcral). ¿Y Villa? ¿Qué os ha dado a ganar Villa? Ejem… estooo… ¡nena, pon otra ronda!

LA NUEVA ESPAÑA de las Cuencas 11/6/2017

RUMOR O NOTICIA




“Para que el rumor se convierta en noticia, primero ha de ser desmentido”. En alguna parte leí que esto lo dijo Churchill, como tantas otras cosas,, pero no lo pude confirmar. Sea como fuere, es una sentencia tan ingeniosa como cierta. Que se lo pregunten a los entrenadores de fútbol. No hay carta de despido más clara que la ratificación en el cargo ante los medios de comunicación. “Comparezco públicamente para confirmar que fulanito continuará siendo nuestro entrenador, en el que tenemos plena confianza y bla, bla, bla. Traducción simultánea: el entrenador será cesado, a más tardar, en un par de días. 
Cada vez que un responsable político dice que “no hay motivos de preocupación”, yo comienzo a preocuparme. Y pocas veces me equivoco. Hace un par de meses, nuestro ministro de Economía aseguró que, a pesar de los insistentes rumores de naufragio inminente, el Banco Popular era una entidad solvente, fuerte, de toda confianza. Y, claro, muchos clientes que escucharon a de Guindos interpretaron correctamente el mensaje y se apresuraron a poner sus dineritos a salvo en otro lugar. Los que confiaron, a pesar de las múltiples experiencias precedentes, hoy lo tienen bastante crudo. Vaya si el Popular era solvente. Vendido por un euro y con un boquete de siete mil millones, que se sepa. Y el anterior presidente se marchó a casa con 24 millones para la jubilación. A ver si le alcanza, pobrecillo. Y aún no hay nadie en la trena. Y ahí permanece el ministro que tan buenas dotes de adivinación tiene. Y aún hemos de dar las gracias por no vernos obligados a contribuir al taponamiento la vía de agua. Por ahora. Y a los pequeños accionistas, limitados en el acceso a la información sobre el estado real del banco, que les parta un rayo. 
Pocos días después escuché al portavoz del gobierno asturiano asegurar que Liberbank está perfectamente, que no hay motivos de alarma. Y tras él, otros gerifaltes llaman a la calma. Y, ojalá me equivoque, pero lo primero que se me vino a la cabeza fue la frasecita de marras y la imagen de un entrenador abandonando las instalaciones del club por la puerta de atrás. 

LA NUEVA ESPAÑA de las Cuencas 14/6/2017

jueves, 1 de junio de 2017

UN GENIO



Hay un tipo que me tiene maravillado. Félix Millet, que estuvo al frente del Palau de la Música de Cataluña, ha reconocido que se quedó con un pastón que no era suyo sino que estaba destinado a la institución que dirigía. Y con ese dinerito hizo reformas en su casoplón, vivió a cuerpo de rey y, además, pagó los gastos de la boda de su querida hija, que ascendieron a 80.000 euros, nada menos. Que no falte de ná. Pero lo mejor vino a continuación: este genio tuvo el cuajo de cobrarle a su consuegro la mitad de la boda, o sea, 40.000 euritos. Y tan tranquilo. No me negarán que, en vez de estar pasando por un penoso trance judicial, este individuo merece un premio a la soltura y el desparpajo. Porque es de los que te roba el coche y luego te lo vende. Y para eso hay que estar dotado de una capacidad mental superior. Tan superior que el resto parecemos tontos a su lado. Que se lo pregunten al consuegro, al que dudo que se le haya borrado la cara de pasmo. Menuda familia con la que fue a emparentar. Y claro, un partido como Convergencia echó mano de las habilidades económicas de este portento llamado Millet para gestionar sus finanzas. El sujeto más apropiado en el puesto más oportuno. A su medida. El resto, lo tienen ustedes en los periódicos. Pero a mí lo que me fascina es el aspecto psicológico del asunto, el rostro pétreo que hay que tener para saquear las cuentas del Palau y, al tiempo, pegarle un señor sablazo al padre del marido de tu hija aprovechando su boda. Siempre se dijo que los buenos cacos no roban donde viven. Pues Millet se saltó la teoría a la torera y a lo grande. Un personaje digno de estudio. Porque que mangue en una institución pública y trapichee con comisiones ilegales entra dentro de lo habitual en Cataluña y España –que en esto, mal que les pese a algunos, somos clavaditos. Pero la que le armó al consuegro y, por ende, a su propia hija, es memorable. Un genio.


LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 31/5/2017

SENTIDO COMÚN




¿Qué dice el juez Calatayud? Pues lo que a nadie debería sorprender. Sentido común, ni más ni menos. El juez que lleva años intentando meter en vereda a los menores descarriados de Granada tan sólo insiste en que si nos empeñamos en educar mal a los hijos, habrá consecuencias negativas para todos. Lo terrible del asunto es que algo tan elemental deba ser recordado, que se adquiera relevancia pública exponiendo lo que es de cajón. Pero como esta sociedad ha alcanzado tal nivel de estupidez que desprecia lo elemental, lo básico, la primera lección del manual de la convivencia, Calatayud, y cuantos más calatayudes, mejor, se hacen tan necesarios como la luz del faro en un mar oscuro. Pero es un mar que a estas alturas de la película deberíamos conocer como la palma de la mano. Pues no es así. Es más, parece que vamos a peor. Y hay que recordar a los padres que como conviertan al lechoncete en el rey absoluto de la casa, acabarán sometidos, que el ejercicio de la autoridad es perfectamente compatible con el amor y el cariño, que sin reglas hay problemas, que se educa en casa, que un nene caprichoso, agresivo, zángano, es la consecuencia de unos padres negligentes que, en su momento, no pusieron las cosas en su sitio. Nada de lo que reitera el juez Calatayud nos es ajeno. Era lo que se vivía en la mayoría de casas españolas, en las que mandaban los padres y obedecían los hijos, donde había que estudiar y, si no, trabajar, en las que se tenía lo que se podía y, también, lo que se merecía. Cuando hoy cuentan de críos que agreden a sus progenitores, de chavales a los que se consiente no hacer absolutamente nada productivo, de adultos sojuzgados por niños, de la inversión de la autoridad en el hogar, uno se pregunta, ¿pero dónde vieron eso los padres? España no era así hace unos años. Los padres no estaban a las órdenes de los hijos. Los hijos no amenazaban ni agredían a sus padres. Y la vagancia en casa no estaba financiada. Entonces, ¿cómo hemos llegado hasta aquí? 

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 30/5/2017

jueves, 18 de mayo de 2017

NO ME GRITES



No me gusta Susana Díaz. Me da igual que sea la favorita de la jerarquía socialista mierense –las bases están con Pedro Sánchez. Siempre hubo clases, ya saben-. Y no me gusta por un único motivo: grita muchísimo. Desconozco lo que piensa y lo que dice porque es arrancarse a dar alaridos en los mítines y yo me saturo y dejo de conocer. Y, claro, cambio de canal. Me pasa lo mismo que a los perros con los voladores. Aturullo y busco refugio para mis oídos. ¿Por qué grita esa señora? Una vez me dijo un hombre sabio que a más volumen, menos razones. Y la presidenta de Andalucía parece dispuesta a reventar los sonómetros. Que Pedro Sánchez tampoco lo hace mal, todo sea dicho, y cuanto más eleva la voz más ridículo lo veo. El único que parece más contenido es Patxi López. Lamentablemente, ni en voz baja es capaz de transmitir algo con un mínimo de sustancia. Pero es lo que le pasa a todo el mundo: ponerse a pegar gritos y perder completamente la razón. Fíjense en Pablo Iglesias, por ejemplo, que cuando se comunica con tranquilidad llega incluso a transmitir ideas sensatas, pero es darle el acelerón, subir el tono, atropellarse y soltar majaderías de porrillo. Los grandes líderes mundiales no gritan, salvo Trump. Con esto queda todo dicho. Y desconozco el motivo por el que los asesores y apoyos susanistas no le sugieren que limite el volumen. Quizá sea que en voz baja queda demasiado a la luz la precariedad del contenido. Pero Rajoy lo hace y no le va mal. Dice unas chorradas espectaculares sin molestarse en encubrirlas desgañitándose. Y le funciona. Obama no gritaba. Putin no necesita hacerlo para acojonar al personal. Y los que cortan el bacalao en Europa tampoco gritan. ¿Por qué lo hace usted, señora Iglesias? ¿Le aprieta el zapato? ¿Está un tanto “teniente”? ¿O acaso considera que los sordos somos los españoles? Y si, como se intuye, carece de discurso, es casi mejor callarse que atronicarnos. Y lo haré extensivo al resto: si me gritas, no te escucho.       

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 18/5/2017

lunes, 15 de mayo de 2017

PIAZZALE ROMA



Amontonados en el vaporetto con dirección al Piazzale Roma viajamos decenas de seres humanos de todas las razas, creencias y nacionalidades posibles. Desde el hueco de la embarcación en el que encontré un buen punto de apoyo observo hombres y mujeres, blancos, negros, asiáticos, cobrizos, árabes, altos, bajos, gordos, flacos, pálidos, morenos, rubios, rizosos, calvos, de todo. El mundo resumido en el sobrecargado vaporetto que cruza el Gran Canal en zigzag, deteniéndose bruscamente en cada parada flotante. A pesar de la estrechura del trance, me interesa la escena y busco miradas recelosas o gestos de desagrado de unos hacia otros. Y no los hallo. Son las nueve y media de una tarde que quiere ser noche, vamos todos cansados, con ganas de llegar a nuestros alojamientos al otro lado de la laguna, dar tregua a los pies y reponer energías. Y el trayecto es la viva imagen de la convivencia necesaria entre quienes estamos unidos por un destino común. Tal como debería entenderse nuestra existencia sobre este planeta. Nos apretamos, abrimos paso cuando alguien se dispone a subir o bajar y nos comportamos con la flexibilidad suficiente para llegar razonablemente bien al final del trayecto. Nadie es más que nadie a bordo del barquichuelo bamboleante. Ningún sentido tienen los empujones ni las reclamaciones territoriales. Finamente, el curso del agua gira a la derecha. Nuestro vaporetto, con la preferencia sobre otras embarcaciones que le otorga su envergadura, cruza decididamente el Canal hacia las tenues luces de la parada del Piazzale Roma. Todos sentimos nuestro destino más próximo. Tras un último golpe, se abre la vía de salida y abandonamos la nave en orden, sin entorpecernos unos a otros, sin avasallarnos. Y, una vez en tierra firme, el conjunto se dispersa en paz. A partir de ahí, cada cual calmará la sed y el hambre a su manera y descansará como mejor pueda. Cada uno despedirá el día a su modo. Y casi todos nos prepararemos para, a la mañana siguiente, hacer coincidir nuestras existencias a bordo de un inestable vaporetto que nos sacude, agita y golpea a lo largo de la sinuosa ruta. Como la vida misma. 

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 13/5/2017