lunes, 22 de octubre de 2018

EL PROBLEMA



Todo este vergonzoso escándalo de tesis y másteres vuelve a dejar bien a las claras que, siendo la política una actividad primordial, nuestros políticos son el problema. Cuando ya se otea en el horizonte un panorama de dificultad económica, y no habiendo recuperado aún la compostura tras la última tarascada, este colectivo dominado por tramposos e insensatos mata el tiempo destapando sus asquerosas indecencias. Como si no tuvieran nada mejor que hacer. ¿Qué clase de gente capitanea los principales partidos españoles? ¿Cómo han llegado tan alto? ¿Cuáles son sus méritos? Si no tienen el menor reparo en mentir sobre su formación, ¿podemos confiar el ellos? Han sido muchos los obligados a desvestir sus historiales, repletos hasta ahora de logros inexistentes y falsos. No sería justo generalizar pero, reconozcámoslo, la categoría humana de la cúpula política que rige los destinos de nuestro país es ínfima. ¿Dónde quedaron la verdad, la sinceridad, la honestidad, la transparencia? Nadie lo sabe. Pero es que nadie las busca. Preguntémonos qué estamos haciendo mal para permitir que se cuelen tantos tramposos en los primeros puestos de los partidos, y que tanto daño nos están haciendo (véase la reputación de la Universidad). Acaso nuestra apatía y falta de exigencia han dado como resultado que los quinquis se hayan infiltrado en la estructura política española. Porque, además, es difícil que ocurra algo, que descubierto el fraude las consecuencias sean graves. Y si la clase política se constituye como un problema en vez de la solución poco, o nada, bueno podemos esperar. ¿Por qué se adoptan medidas tan calamitosas? ¿Por qué se producen tantas situaciones injustas? ¿Por qué nos complican la vida cada vez más? ¿Por qué, reuniendo todas las condiciones, no somos capaces de avanzar hacia una sociedad más desarrollada y humana? ¿Por qué se desperdician tantos recursos en acciones inútiles? Y es que estoy absolutamente convencido de que, con una clase política competente y honrada, España sería el mejor lugar sobre la Tierra.

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 19/9/2018

A LA HORA



Pues claro que ya basta de marearnos con los cambios horarios. Por fin quedó claro que los supuestos beneficios de tanto adelanto y atraso de los relojes no compensan los perjuicios e incomodidades. Porque todos, en mayor o menor medida, nos vemos afectados con cada cambio. Así que ojalá prospere la iniciativa europea y dejemos la hora en paz. Y cuanto más se aproxime a la realidad solar, mejor. Digo yo que es más recomendable atender a lo que marca la naturaleza, aunque se desvíe del interés de Alemania. Y deberíamos ir un poco más allá y ajustarnos al meridiano de Greenwich, que nos cruza, oh casualidad, haciendo prácticamente de frontera entre Cataluña y el resto de España, salvo Baleares y el cabo de La Nao. O sea, que lo normal sería que la hora española fuera la misma que la inglesa, portuguesa y canaria. Esto es, que el parte radiofónico debería comenzar diciendo, por ejemplo, “Son las diez, las once en Cataluña y Baleares”. Espero no estar dando más argumentos a los indepes, que se agarran a lo que sea para resaltar sus rasgos identitarios. “¿Lo veis? No nos parecemos ni en la hora”. Y quizá fuera su prueba más consistente. Pero, vamos, que ya está bien de horarios de invierno y verano. La hora es la hora, que es de lo poquito exacto que nos queda. Porque ni las estaciones son fijas. ¿Cuándo comenzará el otoño? Quién lo sabe. Hoy es imposible precisar si habrá primavera o si pasará como un suspiro. Antiguamente esto se trataba con más seriedad y las estaciones entraban y salían con precisión, cuando lo ordenaba la autoridad. El 21 de junio comenzaba el calor estival. Y el 1 de noviembre era el primer día en que se precisaba encender la calefacción. Hoy, vete a saber. Y para mí que todo este descontrol se produjo cuando algún listo decidió cambiarnos la hora a su antojo. Llámenme conservador, pero a veces el pasado es lo que funciona.

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 4/9/2018

DISTANCIA



Poner cierta distancia, además de como terapia de desintoxicación, sirve para darse cuenta de que más allá de nuestras fronteras poco, por no decir que nada, importan esos asuntos que a nosotros nos tienen tan ocupados. Nadie habla de Cataluña. Nada se escucha sobre Franco. Y hacen muy bien. Las paranoias españolas, que las aguanten los españoles. Lo que les faltaba a los pobres: hacernos caso. Allá, al otro lado de la línea fronteriza, las cosas se hablan, se explican e incluso se debaten. Pero no se gritan ni se monta un espectáculo cada dos por tres. En los programas de actualidad rigen la cortesía, la educación y el respeto. Unos escuchan a otros, sin interrupciones, sin alborotos, sin insultos, sin desprecios. Reconozco que hace ya tiempo que dejé de ver los debates televisivos españoles porque advertí que me subía la tensión. Eso no es intercambiar opiniones: es ladrar. Y lo más desesperante es que de este modo tan agresivo y grosero se capta a la audiencia, que es precisamente lo que reclama. Ay, qué asco. Me lo decía un conocido es otro día: quiero dejar de ser español. Porque no soporta tanto mal gusto, tanta mala uva, tanto colmillo afilado, tanta zafiedad y tanta polémica absurda. En la casina de campo no hay cobertura de móvil ni internet. Y la tele, según las horas y las emisoras, se ve o no. Al principio, recién llegado de la modernidad, puedes sentir cierta ansiedad. Pero poco después comienzas a apreciar el valor del silencio y del apagón informativo. Y la marejada que llevamos en el cerebro cesa para permitir que broten otros pensamientos, libres de ruidos y presiones. Y mientras cierras los ojos para encontrar el sueño con el único sonido de fondo del agua de la fuente, reconoces lo necesario que es distanciarse de la estúpidamente acelerada y desquiciada realidad, que está provocando que, ante la imposibilidad de pensar con lucidez, tomemos como propias ideas ajenas transmitidas por medio de algún tipo de onda.

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 3/9/2018

Y YO MÁS



Qué gozada cuando la conversación adquiere el grado de competición de enfermedades y males varios. Al final, la que dijo tener una hernia inguinal acabó en última posición, superada de largo por un generoso surtido de varices, arritmias, cataratas, juanetes y caderas descalcificadas. Y a ello hubo que añadir los padecimientos de las respectivas familias y alrededores, que también eran de órdago. Para el observador, aquella reunión de amigas más parecía un reto, como una apuesta. Y yo más, lo mío sí que es grave, ni comparación, para sufrimientos, los que yo tengo. Que, seguramente, esta especie de ceremonia del regodeo en torno a la mala salud funcione a modo de terapia liberatoria de miedos y dolores. Porque si todo el mundo está pachucho lo nuestro se relativiza. Y es que encerrado en casa esa molestia de la rodilla puede resultar insoportable. Sin embargo, al ponerla junto al que le acaban de operar de riñón, a la de las migrañas, al del ictus -que está totalmente de moda; años atrás a todo el mundo le daba un infarto de miocardio; hoy, lo suyo es sufrir un ictus-, y a la del cáncer de pecho, como que tu malestar se matiza. Pero no deja de ser curioso la de tiempo que podemos llegar a invertir contando padecimientos y desgracias médicas. Y qué vehemencia. Como que a la gente le sienta mal que otro esté peor, que tenga más motivos para el lamento. Allá las dejé enzarzadas en su surrealista discusión por salir triunfantes en la carrera del “Y yo más”, que, incluso, llevaba a las contendientes a cuestionar la entidad de los trastornos de las rivales. “Eso no es nada” es una expresión que puede resultar bastante fastidiosa cuando tienes un dedo a la virulé o un ojo de la tonalidad del rábano. Por un instante llegué a pensar en participar, si bien no tenía la menor opción de ganar. Pero qué entretenido llega a ser la observación de una tertulia de desgracias y malestares.

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 29/8/2018.

domingo, 2 de septiembre de 2018

HECHO UN CHAVAL




Qué aspecto tan saludable. Piel bronceada, rostro descansado y los cuatro pelos de la cabeza que parecían ocho. Camiseta, bermudas y playeros. Estás hecho un chaval. A la calle a comerte el mundo y a lucir veraneo. Un último vistazo en el espejo. De frente, de perfil. Nada mal para un cincuentón. Ascensor, portería, Mieres. A hacer unas compras. El supermercado está medio vacío. Un par de botellas de verdejo, algo de fruta y unos helados. Señor, ¿le pongo una bolsa? ¿Señor? Cómo que señor. Si estoy hecho un chaval. La cajera me inspecciona de arriba abajo y decide ignorar mi presencia. Qué bajón. Bueno, dejémoslo correr. Esta juventud está perdida. Mieres, portería, ascensor. Señor, ¿a qué piso va? Y dale con lo de señor. Jamás las buenas maneras me habían sentado tan mal. Entré en casa, me liberé del cargamento y volví a repasarme frente al espejo. Lo dicho: un chaval de muy buen ver. Ascensor, portería, Mieres. Camino del banco. Dependiendo del horario, nos las hemos arreglado para que las gestiones bancarias se alarguen muchísimo o eternamente. Cómo se nota que estuviste de vacaciones. Me estiro, luzco camiseta, enseño pata bronceada. No te privaste de nada, canalla: vaya barrigón que echaste. La madre que lo trajo. ¿Barrigón? Igual es la camiseta, que la licra es bastante chivata. Me enzarzo con la puñetera máquina de sacar turnos. Señor, ¿necesita ayuda?, me susurra una empleada en prácticas. Pero, ¿qué le pasa hoy a la gente? Hombre, volviste. Pues ya ves, volví. E insistí en mostrar la pata bronceada. Aparte de la barriga, que tela marinera, ¿te ha salido otro montón de canas o es sólo una impresión? Yo también me alegro de verte, sabandija. Mieres, portería, ascensor. Entro en casa de nuevo, lanzo los papeles sobre la mesa y me dirijo a la habitación. Pijama, un pis y de cabeza a la cama. Que sea la última vez que te miras en el espejo. Señor.

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 30/8/2018

jueves, 19 de julio de 2018

EL VERANO AUSENTE




¿Quién dijo que este año no tendríamos primavera? Superamos los mediados de julio y se mantiene el clima propio de abril y mayo, con sus nubarrones, tormentas, aguaceros y granizadas, matizados con esporádicos momentos de sol. Los que tienen miedo al cáncer de piel pueden estar razonablemente tranquilos, porque, como no sea arrimándose a la vitrocerámica, lo del tostado epidérmico está complicado. Al menos aquí. Los comercios de moda ya no saben qué exhibir en los escaparates. Desde luego, llenarlos de bermudas y camisetas se me antoja bastante arriesgado. Así es que ves desde bañadores hasta plumíferos, desde chanclas hasta katiuskas. De todo para un verano que se resiste a llegar. Casi mejor, porque no me veo chapoteando en el Cantábrico entre boñigas, que vaya lo que flota en la playa de Gijón. Eso sí, agua a mansalva y mínimo riesgo de incendios, que no todo va a ser negativo, porque tenemos a los pirómanos con las mechas mojadas. Por si acaso, no dejemos de vigilar, porque los tarados siempre están preparados para liarla. Oigan, que para trabajar estas nubes y la moderación térmica no estorban en absoluto. Otros años, a estas alturas tendría el despacho como un asador de pollos. Hoy, mientras escribo, por la ventana entra un aire suave y fresco. Y poco ruido, porque no está el tiempo para alborotar en las terrazas. Lo que les digo, que no todo va a ser malo. Además, me da la impresión de que a los veraneantes retornados que van por ahí presumiendo de bronceado se les está mirando mal, más que con envidia, como con desprecio, para que sepan que, aparte de estar opositando al melanoma, nos parecen unos insolidarios despreciables que desentonan con nuestra piel lechosa. Los únicos morenos que caen bien son los que nos venden la música pirata. Como si no supiéramos que más allá del tunelón del Huerna es posible contemplar el cielo azul. Bueno, y qué. 

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 19/7/2018

martes, 17 de julio de 2018

MUESTRAS



Qué alivio. Por fin llegó la carta. Los del programa de cribado del cáncer de colon dicen que no hay rastros de sangre en mis heces. Todo normal. Qué descanso. Porque no las tenía todas conmigo. Desde que mi enfermera me proporcionó el botecito para la recogida de la muestra hasta que completé el procedimiento lo pasé fatal. Según me advirtió de que en ocasiones pueden darse falsos positivos causados por una almorranita latosa o alguna fisura en salvasealaparte, comenzó a picarme el trasero. De verdad que estaba tan tranquilo hasta que me hablaron de ello. El poder de la mente es alucinante. Y, claro, a ver quién recoge una muestra con semejante picor. Y decidí esperar a ver si se pasaba. Y pasó. Lo malo es que mutó en estreñimiento. Maldición. Ahora fuerzo la evacuación, araño la tubería, sangro y, hala, culo en pompa y colonoscopia al canto. A esperar y beber agua como un descosido. Sólo disponía de día y medio más para completar el experimento. La siguiente mañana el atasco aún no estaba resuelto del todo. Volví a aplazar la toma de muestras. A mediodía reaparecieron los picores. Y por la tarde me llamó un amigo para ver juntos el partido. Y es de los que les va la comida muy, pero que muy alegre. Entre cervecita y cervecita, un plato de nachos con guacamole. Tremendo error. Faltaba media hora para hacer entrega de mi muestra y tenía el tubo de escape como la fragua de Vulcano. Pero no había alternativa. Era sí o sí. Y procedí entre escozores y escalofríos. Aquello tenía muy mala pinta, la verdad, pero no pudiendo escoger, me armé de valor y tomé la muestra. Y la entregué en el centro de salud casi pidiendo perdón. Si hay algo sospechoso, te llamarán. Pues lo que contiene ese bote ha de ser altamente sospechoso. Y esperé la llamada, que no se produjo. De milagro. 

LA NUEVA ESPAÑA DE LAS CUENCAS 15/7/2018